Y el sur

Delafé, y el sur

Mar,

victoria,

tus ojos, mis ojos;

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Huracán que arrasa con todo (Reseña de Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor)

(también en Hablando con letras)

En pleno verano islandés, la luz lo inunda todo: no hay noche. Afortunadamente, porque acabo de terminarme Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor (Literatura Random House), y lo hago con un profundo asombro, el aliento arrebatado, un mohín de desagrado en el rostro. La novela de la mexicana sobrepasa las páginas que debieran contenerla, y te salta a la cara, robándote todo atisbo de esperanza.

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Palabras desordenadas sobre Polonia (4)

(fotos)

4

Grabado en piedra, una mujer alza un zapato para atizar a su marido, que al otro lado de la ventana, va borracho y con un ánfora de vino en la mano. En un rincón, vidrios de colores montados unos sobre otros. A sus pies, animales de granja tallados en bronce.

Tres postales engarzadas.

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Camino de Wroclaw, solos en el coche sobre la eterna llanura del sur de Polonia, muy cerca de la frontera con Eslovaquia, nos encontramos con ciervos patagónicos en la Valladolid polaca. Ahí es nada. Hay algunas cosas que no merecen explicación. Muchas de ellas, de hecho, pierden su significado al poco tiempo de ser planteadas y escritas. Como un chiste cuyo leitmotiv se disuelve en la nada. Que continúe la cháchara de esa música de cámara. Sigue leyendo

Palabras desordenadas sobre Polonia (3)

(fotos)

3

Una amiga me cuenta que le corrían las lágrimas por la cara; otra, que se siente algo inmensamente especial e intenso; hay a quien, incluso, se le encoge el alma. En cambio, me sorprendo a mí mismo al no sentir gran cosa mientras hacemos la cola para entrar en Auschwitz. Me pasa cuando los sentimientos se dan por supuesto. Intento conectar con el horror, pero no hago más que pensar en Ignatius Farray haciendo chistes de judíos, y sé que no está bien, pero el aire de feria o parque de atracciones tampoco ayuda. Decenas de autobuses llegan y descargan volquetes de turistas.; la cafetería, también restaurante, es coqueta; hay varios puestos de suvenires, una estafeta de correos. Cuando logramos entrar, me entretengo observando a una manada de adolescentes que se hacen un selfi, locos de alegría, frente al Arbeit macht frei, mientras a su lado una anciana de mirada nublada se agarra a un ramo de flores. Las alambradas en contraste con el cielo gris dan para una buena foto, son muchos los que se acercan y dan con la imagen de Instagram Sigue leyendo

Palabras desordenadas sobre Polonia (2)

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2

Camino de Cracovia, mientras los demás hablan de las bondades y merecimientos de la nueva edición de OT, de Amaia y gente que no conozco de nada, cuyo nombre apenas me suena, algo en el paisaje que nos rodea, llano y con alguna que otra arboleda aislada, casitas y granjas diseminadas aquí y allá, me llevan a pensar en cuando el cochazo de un esnob me llevó a 230 km por hora de Madrid a Salamanca. A pesar del vértigo de la velocidad, yo me dejé hundir en el comodísimo asiento del copiloto, mientras el petardo hablaba de la city y las ventas, la empresa, el mercado, de una lejana época universitaria que más bien creo que no llegó a suceder, que se inventaba sobre la marcha, yo me dejaba ir y el hombre hablaba mientras, atrás, dos mujeres de mi edad atendían con más o menos interés. Recuerdo que una de ellas escribía en la Playground, fue la que me prestó un cargador para poder comunicarme con la prima de Paula. Y entre el vértigo y la modorra de saber que todo se había encauzado finalmente, frente a mí se extendía una llanura casi sin fin, el horizonte preñado de unos nubarrones negros, amenaza de tormenta. Recuerdo deslizarme a una educada somnolencia, llena de placer, y en las señales de la autovía, el cuentakilómetros de Salamanca reduciéndose…

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Para entendernos (o no)

Una mujer awá se muere de tuberculosis

en el interior de Brasil

mientras viajamos a donde termina

la carretera,

un lugar misterioso

(mágico, oscuro)

llamado Árneshreppur.

Allí viven un puñado de personas,

aisladas,

donde las antenas mueren

y la calma despierta la aprensión.

A veces, me asusta el silencio,

me hace escuchar

el murmullo de mis pensamientos más hondos;

un mar gris acero

que se funde con el cielo,

una piscina de agua caliente

bajo el vuelo de las gaviotas.

Esa mujer que muere,

tan lejos de aquí,

me permite,

entrar dentro de esa necesidad de aislamiento,

de por qué alguna gente lo busca

para escapar del barullo,

tan inútil, e innecesario

que brota de todas partes

en este mundo que llamamos Primero.

Sin embargo,

ahora mientras escribo,

unos días más tarde,

bajo el orballo que matiza el cristal,

distingo el tráfico de la ciudad,

el tecleo de mis dedos,

el zumbido del aire acondicionado,

los aparatos del laboratorio,

pintando el cielo,

el helicóptero de emergencias.

Y aunque me siento en paz,

mi corazón regresa al norte,

a esa aprensión que tiene mucho de pasional,

a esa necesidad de caminar por el alambre,

o el vacío,

de encontrarse con uno mismo.

Allende ambiciones impuestas,

convencionalismos varios,

miradas que no son mías,

puras mentiras,

no me cabe duda

que estamos aquí para entendernos,

para ser gentiles

y profundos,

no para perdernos en pantallas

mientras el tiempo pasa sin darnos cuenta,

la vida cubriéndose de una capa

de insustancialidad.

Tan lejos, en el interior de Brasil,

muere la anciana awá,

devorada por el monstruo no llamado de Occidente.

Vivos tan vivos, que mueren,

vivos que viven tan muertos:

inercia.

 

Intuyo con un pálpito,

que este poema encierra una realidad

solo en parte comprensible.

Pero sigo buscando.

 

PD. La mujer se llamaba Jakarewyj.

 

Para leer otros poemas, aquí.

Historia de una MILF: La señora Fletcher, de Tom Perrotta

«Era mucho más fácil ser una perdedora en la época anterior a las redes sociales, cuando la gente no estaba tan versada en restregarte las cosas, plantándote ante tus narices y en tiempo real la diversión que te estabas perdiendo».

Con esta cita, contenida en La señora Fletcher, Tom Perrotta nos indica que sabe de lo que habla. Y creo que todos en esta sala podríamos identificarnos con la afirmación. ¿Es cosa mía, o no hay más que triunfadores y gente feliz en las redes sociales?

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