Adoquines (las calles en las que viví) – II

Juan Fuentes 37

Fui niño. Y adolescente. Vi llorar a mi madre después de encontrarse a su padre muerto, ella me lo ocultó enviándome al jardín pero yo lo supe porque era un día amarillo, y en los días amarillos no pueden suceder cosas buenas, o al menos eso creo, porque hasta el día de hoy no ha ocurrido nada bueno en esos días de extraña textura casi febril. Vivíamos en un edificio alto y solo, con forma de pene de piedra, al lado de un río que a veces arrastraba sangre del matadero (joder, ¡cómo eran los noventa!), a donde llegamos precisamente por Sigue leyendo

Te enumero y eres tú

Te enumero y eres tú.

Goethe decía que No basta con saber, se debe también aplicar; no es suficiente querer, se debe también hacer.

Ya hace más de un mes que no estás, y si te enumero, eres tú. En todo este apartamento. Goethe es una compañía miserable. Sobre todo porque él era alemán y yo estoy en Portugal. Choques culturales. Oporto era nuestra no-ciudad. Cada vez que decidíamos venir, al final terminaba aquí yo solo. La primera vez, te surgió un voluntariado de mierda Sigue leyendo

El bello devenir de lo humano…

…es una grandilocuente forma de empezar a hablar de la serie de pinturas que, como siempre por casualidad, llegó a mí hace unas semanas (lamento decepcionar a los amantes de la escritura automática, de la que yo también soy fan, pero hay textos que necesitan mucho reposo para brotar del suelo de un escritor). La serie en cuestión se llama El curso del imperio (The course of Empire), y su autor es Thomas Cole, un pintor estadounidense que vivió hace casi dos siglos.

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