La puerta de al lado es mi puerta

La intro de Californication, la serie de la que enamoré hace más de diez años, y que todavía no me aburre ni se me despega. He ahí la concatenación de imágenes: Moody tapándose la cara con una crítica literaria; Karen y Becca jugando en la playa; un avión dando marcha atrás en el cielo; las hojas de una novela arrastradas por el viento. Sí, abuso de filtros y un relato deslavazado. En muchos casos, tópico. Pillo los trucos de magia, yo mismo los he usado tantas veces…: bomba de humo que todo lo soluciona. Hank es ya un amigo, e incluso sin compartir con él nada más que un amor inventado por Bukowski, le quiero.

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Lo que la edad no te deja entender (literatura)

Me aburrió El Aleph de Borges. Tamaño tótem de la literatura moderna. En busca del tiempo perdido me abrumó tanto que ni siquiera lo empecé. Me falta la cárcel, quizá. Sí La broma infinita, y lo terminé, heroicidad absurda, pues no entendí gran cosa. Algún desvelo psicótico, cosas sobre el tenis. Del Ulises casi prefiero no hablar, fracasé dos veces, la segunda meritoria, pero fracaso al fin y al cabo: ¿de qué sirve quedarse en la orilla? Aquí al Sigue leyendo

No quiero estar en esa fiesta

No, no quiero estar en esa fiesta, por eso decido marcharme. Afuera, descubro que estoy en Caldas, luz naranja de farola, y que me he dejado el abrigo en la fiesta. Lo cual resulta, repentinamente, inverosímil, que me lo haya dejado en un día de tanto frío, así que doy media vuelta y regreso, pero para cuando me giro me encuentro en un lugar oscuro, las coordenadas cambian y trato de moverme, buscando el armazón de madera que abraza mi Sigue leyendo

Crepitar

Crepita la olla en la cocina. Estás haciendo sopas de ajo, y ese aroma tan peculiar impregna el aire y se pega a los cristales de las ventanas, por donde entra el sol de una mañana de sábado, ya primavera. Afuera, es Reykjavík, es Buenos Aires, es Carnota, es Ciudad del Cabo, es Salamanca, es cualquier lugar. Los niños trastean en su habitación, discutiendo de alguna trascendental temática infantil. Un rumor medio histérico que comanda Bára, la mayor, y que los mellizos siguen a pies puntillas. El carisma del hermano mayor. Escucho Sigue leyendo

Serie PERSONAJES: Pacheco

En este obituario en que se ha convertido la serie Personajes, me alegra presentar a mi primo Pacheco, que no se me sale nunca de la cabeza, pues las personas que te marcan permanecen contigo en tus días, como un tatuaje invisible. De esos que se tejen sobre la piel del corazón, a fuego.

Pacheco era el alma de mi familia. Creo que nadie se lo dijo nunca de esta forma, pero él lo sabía. Todos lo sabíamos. Su espíritu albergaba un carisma apenas perceptible pero que Sigue leyendo

Historias de una válvula: Médicos (III)

Cierro los ojos, los abro.

A Joan, el cardiólogo siempre le alaba los ojos verdes, aunque a mí me parece que más bien se refiere a las tetas. Aunque, efectivamente, sus ojos son bellísimos. Bromea también con que ha de ser ella la encargada de solucionar, si se presentaran, uno de los efectos secundarios de la pastilla, la bajada de la libido. En la sala de al lado, la escuálida enfermera, rictus trágico en su cara, me ha mirado con tensión mientras la máquina leía mi corazón. Mi pulso siempre se acelera cuando el electrocardiograma, me olvido de Sigue leyendo

Murray y la vida

De alguna forma, Cómo ser Bill Murray (que, aclaro, no es un manual de autoayuda), me recuerda la aquella extraña película, Cómo ser John Malkovich. Ambas comparten un bizarrismo difícilmente superable, aunque la película es ficción, mientras que en Cómo ser Bill Murray, lo que Gavin Edwards nos cuenta es la misma realidad. La identidad de Bill Murray, expuesta, resulta de una honestidad asombrosa. Un tipo estrambótico e imprevisible, y bueno.

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