puertas en el tiempo

Estoy terminando de revisar un relato para enviar a concurso, una pérdida de tiempo como otra cualquiera, por ejemplo comer pipas en un banco. Es una mañana limpia de otoño, un día bello, que diría un amigo. Empieza a sonar la canción de un viejo disco (¿ocho años son suficientes para decir ‘viejo disco’?) de 2007 que yacía olvidado en mi memoria. La canción es Bodysnatchers, y el disco es In rainbows, que Radiohead regaló aquel año, y que resulta perfecto como transición entre el rock atmosférico de Hail to the thief y el también atmosférico pero excesivamente minimalista The King of Limbs. La canción es pura angustia, la voz de Thom Yorke tiene esa cosa tan gutural, siempre he pensado que es un mago y un imbécil, como todos los genios. Me dejo llevar por la música, cierro los ojos y de pronto estoy en Grafton St, esa larga calle comercial del centro de Dublín. Paseo con calma entre puestos de flores y farmacias y tiendas de suvenires, hacia el parque de Saint Stephens, en donde cogeré el Luas, una especie de tranvía-cercanías que me llevará a Dundrum. Es después de comer y ya no tengo más clases, y estoy solo aunque no recuerdo por qué, en Irlanda no hice más que explorar Dublín al ritmo de las pintas de Guinness y acompañado por otros españoles. Entro en una tienda, en realidad un mini-centro comercial, y en la sección de música encuentro precisamente ese In rainbows, que cuesta como 25 euros a pesar de que puedas descargártelo gratis de internet con el beneplácito de sus creadores. Me pongo los auriculares y empiezo a escuchar las canciones, y mientras lo hago soy consciente de nuevo, como lo fui aquella vez, de que estoy en Irlanda, por primera vez en mi vida fuera de España, de que me siento bien y libre, que siento que podría vivir aquí para siempre, lejos de todo y de todos, una vida nueva donde la cuenta empieza a cero y sin sumas ni restas. Es porque Bodysnatchers ya ha terminado y ha empezado Nude, una de esas baladas largas y mínimas, melancólicas, que por algún motivo me hacen sentir esperanzado. Podría bailar con el estilo de Yorke en Lotus flower, pero me contengo porque a pesar de todo, y de que nadie aquí me conoce, el sentido de la vergüenza se me pegó bien al culo cuando era pequeño. Me dejo llevar por la música, por los ventanales de la tienda entra la luz de un atardecer próximo, será un atardecer dorado, durante las tres semanas que estuve en Irlanda apenas llovió. Nude termina, tengo que ir a por el Luas y, al mismo tiempo, he de abrir los ojos y volver a este relato que me trae de cabeza y que no terminaré de arreglar como a mí me hubiera gustado.

Cada uno de nosotros dos por su lado.

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