Entretenimientos

Buscamos algo que nos entretenga. Que nos distraiga. Que aplaque esa cosa que nos bulle dentro de la barriga. Whatever.

Qué rápido se olvidan de hacernos carantoñas. De mirarnos. De cuidarnos. Qué rápido nos dicen que esas son cosas de niños. Es verdad que a algunos se las hacen a lo largo de toda la vida. Enternecedor. Y siniestro. Lo bueno se termina pronto, tan de pronto como aparecen los exámenes, de todo tipo. Libros de texto que cuentan ficciones. Ficciones que cuentan verdades. Exámenes sin cesar. Del colegio, del instituto, de la universidad. Una carrera o la idea de una carrera, una laaaaarga y exitosa vida plácida. ¿No? Por el camino, mientras tanto, se quedan algunas novietas, de esas de jugar, y la definitiva, dios nos guarde, que es igual que las demás excepto por su carácter perentorio. Todo esto si has sido bien educado, si estás metido en ese rollo, que lo estás, cómo no vas a estar, todos están, y tú también. Las cosas así van de lujo un tiempo, es la pulsión de los instintos, ergo, aquello del follar. Regodearse en los mutuos intentos de cambiar al otro. Y crisis, varias crisis, múltiples crisis, qué seríamos sin ellas. En la primera, buscamos un piso. Lo decoramos yendo varios sábados a Ikea. Con la hipoteca estaremos entretenidos un buen rato. Un rato largo. Digamos, cincuenta años. Buscaremos un buen trabajo, o un trabajo a secas. Que nos masacren, sadomaso del bueno. Compras de súper, de navidad, de regalos de cumpleaños. Fiestas anodinas en las que disimular lo que no se es. Cosas de la vida, escucharás por todas partes, cuando te despidan. La euforia de la vida en común dura poco, se esfuma como humo de pitillo, es lo que es, poco más que nada. Su desaparición se entremezcla con el recuerdo de los años de facultad, pero no importa, ahora estás montado en la vida, vas a todo trapo y sin muletas, óxido nitroso en tu tubo de escape. Crisis, muchas crisis, las que sazonan la existencia. La boda. Es lo adecuado, vamos, hemos sido bien educados. Perros de Pavlov corriendo por el cielo. Siéntate y maravíllate. Preparativos, arras y ligueros, lunas de miel, se podría hacer un bodegón con todo eso, o quizá, más bien, una naturaleza muerta. Un tarro de pastillas de éxtasis, lo justito para ir tirando un par de años más. Sin pensar. Entretenidos. Tu carrera ya es estable: estable trabajo de mierda, estable concatenación de trabajos de mierda, estable máster en cola del paro. La estabilidad es buena. ¿Plan de pensiones? No me hagas reír. ¿Estamos o no estamos orgullosos? Al loro, las crisis van y vienen, no podemos despistarnos. Las crisis son gatos agazapados en la hierba, parcialmente ocultos pero evidentes para el ojo humano. Llega el momento de los hijos, porque con aquello de las intentonas, los test de fertilidad, el embarazo, el parto, la lactancia, bautizo mediante, se nos van bien entretenidos otros dos o tres años, de forma que cuando la cabecita del gato asome por encima de la hierba de nuevo, respondamos voz en grito, ¡a por la parejita! Claro que sí, lo bonita que queda una parejita en las fotos. Ojo, a partir del segundo, sumar hijos para salvar las crisis funciona cada vez peor. Podéis intentar el tercero, por puro vicio, o avaricia, o ambas cosas, pero que sepáis que por regla os corresponde entre uno y dos, y que ya con dos vais por encima de la media. No nos hemos dado cuenta, y aquí está un señor grande y calvo, con barriga cervecera, látigo de siete puntas y vibrador con púas. Se llama Crisis de los 40, y va a follarnos bien duro. Sin vaselina. Y sin amor. La cosa va de entretenerse. De entretenimientos. ¿O qué os pensabais? Llega la hora de tener un affaire, o una aventura, o una cañita al aire, podéis llamarle como queráis. Tabúes y eufemismos varios. Recordad, amigos, tiene que ser jovencita y estar de buen ver, una inocencia solamente figurada y debidamente tópica. Necesitaréis engañarla con planes de futuro, divorcios, lo que sea, y eso será fácil porque están deseando ser engañadas. No sé cómo funciona en el caso de las cuarentonas, pero me figuro que será parecido. Hollywood, Chamberí y carajillo, castizo revertiano. Con esas menudencias, y las de criar a vuestros vástagos, que han crecido semi abandonados y mediocres como sus progenitores, vamos a reconocerlo, no somos genios, la cosa irá avanzando, y le digo cosa a la vida porque todos pensábamos que la vida era otra cosa, pero la vida ES una cosa. Al fin y al cabo, la vida fue hecha para fluir, suave, suave, su su suave. Es un mecanismo colosal de válvulas bien afinadas, calibraciones espaciales y tubería de la buena, de la de acero inoxidable, y no esa mierda sin ISO que viene de China y que ninguna buena industria aceptaría. Años calcados unos a otros, con pequeñas naderías que servirán para diferenciarlos en el Registro: cambios de matrícula, incrementos o rebajas del salario, peinados, series de televisión. De pensar en algo, pensaríamos en la levedad de nuestra existencia, eso si conocemos el término levedad, sino no podremos caracterizar una sensación de ligereza espiritual, que afortunadamente la vida se encargará de derribar sacando a escenario su artillería pesada: un precioso tumor, la muerte dramática de un progenitor, un accidente de coche, una guerra si nos ponemos colectivos. Algo suficientemente grande como para entretenernos un rato. Llegan los sesenta y ahora ya no hay mucho de qué preocuparse. El grueso del trabajo está hecho. La mafia toma el control, una buena medicación y se nos nubla lo que quedaba de mente. Taking over. Mirarse las manos con la baba resbalando del labio inferior, ojos embotados en un horizonte perdido de árboles que pierden y ganan sus hojas al ritmo de las estaciones. Parkings desolados. No hay nada en nosotros que nos haga llevar el paso del tiempo con la elegancia de los árboles. Nada de nada. Para el ser humano occidental, la vejez es un producto comercial, y de los más valiosos: Ocaso de la Vida©®. Una residencia de la tercera edad, esto es, un asilo, ahí os metieron vuestros hijos, debidamente educados, a las primeras de cambio y sin dudarlo. Aparecen en fechas señaladas para una palmadita en la espalda, sonrisas y una sutil sustracción monetaria. Carreras y salarios y sexo y aventuras son ya recuerdos viejos, muchas veces inventados, ahora la carrera es otra, inyecciones, canalillos de enfermeras entradas en carnes, el perturbador fogonazo de una imagen mental de nosotros mismos desperdiciando la vida. Ha de sonar una canción, alguna del tipo Natural Blues de Moby, o Morning, de Beck, algo que resuene.

maxresdefault

Es la hora de despertar, de DESPERTAR, pero eso no es más que otra fútil figura literaria, porque no hay oportunidad de despertar, ya estamos casi muertos, calzoncillos untados de mierda, granos en la nariz, pajas en baños sucios. Entretenidos con la medicación, no se espera más que el arquetípico derrame cerebral / infarto, quizá un compasivo familiar que os asfixie con una almohada mientras sube el volumen de la televisión. De qué va todo esto, es de llegar al punto de partida. En esa oscuridad aparecerá, quizá, un luminoso ser, o más bien, un funcionario del más allá con una lista de lo que habéis hecho bien y lo que habéis hecho mal, y sobre todo, cuál es el próximo destino: un gusano, un gato, una perdiz. Tachará algo en otra lista, y con una patada del culo os enviará de nuevo al ruedo.

Es eso lo que buscábamos, ¿no?

¿NO?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s