Intro

Lo habíamos planificado meses atrás, paseando por las aceras heladas del Tjörnin mientras se nos congelaban las orejas y los dedos de los pies. Y ahora la larga espera había finalizado.

6 de noviembre, abandonamos Islandia, y tras una escala gris en Londres, llegamos con la noche a Barcelona. Atrás quedó el Atlántico Norte, la ceniza gris y el musgo, la magia de una experiencia que ya empezaba a parecerse a un sueño. Almas convertidas en aves ambulantes.

Barcelona nos pareció húmeda y caliente, ruidosa, pura muchedumbre, vapor invisible. Hay más gente en las Ramblas que en toda Islandia, dije.

El Camino del Norte. De Irún a Compostela en 850 km, un viaje a través del otoño hacia un invierno frío y húmedo, como la misma Galicia. Una aventura colosal que había ido creciendo en nosotros durante meses al ritmo de los días sin noche del norte del norte del norte. Siempre el norte.

12 de noviembre, flotamos en Sants-Estació, antes de subirnos al tren que nos llevará a tierras vascas. En mi mochila, un libro de filosofía, otro de Colin Thubron, también Los detectives salvajes de Bolaño. En la de María, su block de dibujo.

Tamborileando en el suelo, nuestros pies suspiraban por el viaje que, sin nosotros saberlo, había de transformarse en una polifacetada y profunda Senda Estelar.

gif la senda estelar

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