Everest (Baltasar Kormákur) vs Mal de altura (Jon Krakauer)

Everest vs Mal de altura

Nos contamos historias para poder vivir […] Buscamos un sermón en el suicidio, una moraleja en el asesinato múltiple. Interpretamos lo que vemos, seleccionamos la más factible de entre las múltiples opciones. Vivimos enteramente condicionados, sobre todo los escritores, por la imposición de una línea narrativa sobre imágenes dispares, por las ideas con que hemos aprendido a congelar la cambiante fantasmagoría que es nuestra experiencia. Joan Didion The White Album (leído en Mal de altura, de Jon Krakauer)

Vaya por delante que sufro de especial debilidad por Jon Krakauer, no tanto por Mal de altura sino como por la vitalista Hacia rutas salvajes, que me ha marcado desde la primera vez que la vi/leí (esa es una de las pocas batallas peli-libro que considero empate). Por contrarrestar (y minimizar posibles suspicacias), diré que también me gusta Baltasar Kormákur, director de Everest. En parte, porque he vivido en el mismo 101 de Reykjavík que el islandés retrató pintorescamente en 101 Reykjavík.

Hecha la aclaración (quizá inútil), me meto en el tema, aun sabiendo que las batallas peli-libro resultan inútiles.

Quiso la casualidad que una amiga me hablase de Mal de altura hace unos meses, y que yo leyese la obra sin saber que hubiese una película sobre el tema en la fase final de post-producción. De modo que la lectura del libro estaba fresca estos días cuando me enfrenté a la película, y a la inevitable comparación.

Por cierto, también he de aclarar que soy un acérrimo defensor de SIEMPRE PRIMERO EL LIBRO.

Kormákur no se basó en la obra de Krakauer a la hora de diseñar Everest, aunque sí la leyó y utilizó fragmentos para hilar su visión personal de la tragedia que ocurrió en mayo del 96 en la montaña más alta de la Tierra. Esto atenúa un poco la batalla, y rebaja la importancia de las notables divergencias entre libro y película, y que en ningún caso desvalorizan a ninguno de los dos.

En primer lugar, porque Mal de altura es un libro testimonial, casi documental, y Everest sigue fielmente el esquema de una película de acción-drama. La perspectiva de Krakauer es necesariamente personal, puesto que estaba en el escenario de los hechos y escapó por los pelos de la muerte, y ese hecho tan trascendental dota de veracidad a su libro. Por el contrario, Kormákur no pudo aportar veracidad a su película, puesto que aunque narra una historia basada en hechos reales, si un telespectador no lo supiera, no notaría la diferencia. Ficción o realidad, el debate de siempre. La película se mueve por los anaqueles de la ficción. El libro, por el de la experiencia personal. Son telas de cortar muy diferentes.

Uno de los aspectos en donde la película pierde enteros, a mi parecer, es en la sección del protagonismo. En Mal de altura, Krakauer se convierte en la voz cantante, y a través de su voz accedemos al resto de integrantes de aquellas expediciones a la cumbre del Everest. En Everest, la cámara se mueve a través de los diferentes personajes intentando otorgar realidad a cada uno de ellos, con una más que vaga primacía a Rob Hall, el jefe guía de Adventure Consultants. El ir y venir entre personajes nos hace perder el foco, e incluso si has leído Mal de altura, se tarda un buen trecho de la película en identificar a todos los integrantes de la expedición.

Visualmente, la película es bella, con imágenes fabricadas con una combinación de pureza y violencia y, aquí sí, el protagonismo visual es para la montaña, en todas sus facetas. El Everest se transfigura en una presencia invisible que está en todas partes, emanando de cada fotograma y reforzando la imagen colosal de una montaña siempre hostil. Mal de altura juega a otra cosa, su narrativa es fría y austera, como la misma muerte en la nieve, pero consigue contagiarnos el drama mientras los personajes van muriendo en las garras de la montaña. Nos contagia esa falta de oxígeno, ese mal de altura, y en ese aspecto, Everest falla completamente, pues aunque las escenas más dramáticas están rodadas con brillantez, carecen de punch. No te pone el corazón en un puño, no te roba el calor de los huesos.

Me chirría, por cierto, el papel secundario de Krakauer en Everest, aunque quizá esto se deba a mi debilidad por él y a que en Mal de altura es el absoluto protagonista. A lo largo de los pocos fotogramas en los que se muestra, llega a parecer incluso que su personaje desprende dobles intenciones, y una pretenciosidad que Krakauer no muestra en ningún momento a lo largo de las páginas de Mal de altura. En la apoteosis de la tormenta que mata a Rob Hall y a los demás, se deja entrever que Krakauer usa el mal de altura como excusa para no participar en las tareas de rescate. Para el espectador que no haya leído su libro, la duda de si disimula o no para salvar su pellejo es más que lícita. También lo es para los que lo hemos leído, supongo. En el fondo, jamás sabremos la verdad. Como contraposición a Krakauer, Anatoli Boukreev, compañero del fallecido Scott Fischer (encarnado por Jake Gyllenhall), luce heroico y duro como una roca, y mucho menos contradictorio y hostil que en Mal de altura.

La perspectiva lo es todo, como decía en un post anterior.

Nunca sabremos qué ocurrió exactamente en aquellos días de mayo de 1996 en la montaña más alta de la Tierra, pero tanto Everest como Mal de altura nos ayudarán a elucubrar e imaginarnos lo que es entrar en la zona de la muerte, ese lugar en donde la frontera entre vida y muerte se difumina, y nuestro cerebro se consume.

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3 comentarios en “Everest (Baltasar Kormákur) vs Mal de altura (Jon Krakauer)

  1. Creo que me uno a tu visión de Everest. Se muestra una historia con principio y final, pero no las incongruencias, las conincidencias, las actitudes y emociones que Krakauer describe en su libro, un libro contado desde su propia vivencia pero que también intenta recoger las opiniones y visiones de otros montañeros que sobrevivieron. Como bien dices, la película parece querer abarcar a todos los personajes por igual, no dando importancia a ninguno en concreto (aunque Rob Hall creo que tiene algo más), y eso resulta en dificultad para identificar a los personajes e incluso seguir la historia en algunas ocasiones (incluso habiendo leído el libro es difícil a veces). Las imágenes son bonitas, sobrecogedoras a veces, aunque me faltó un algo para que me diera un vuelco el corazón…Añadiría, como punto positivo a la peli, que no hace dramas de algo que realmente lo fue. Pudo haber contenido escenas de lágrimas eternas, haber favorecido ese momento dramático que resultase el punto álgido de la película, y sin embargo no lo hace, dejando que los protagonistas cierren su propia historia. Que el Everest cierre la historia.
    🙂

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  2. Pingback: Un año de libros | aullando

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