Una escena de ternura infinita

Los ojos de él se achinan al cerrarse. Está calvo pero la forma de su cabeza es bonita, enmarca una cara pequeña que empieza a cubrirse de una barba blanca y morena. Tiene la piel enrojecida en las mejillas y por toda la cabeza, como en ronchas, y brilla bajo los fluorescentes de la sala de espera de Oncología. A su lado, ella, media melena oscura con vetas granates, las mejillas algo caídas, un lunar cerca de la nariz, los labios pintados de color vino, unos ojos que le miran fijamente. Le está acariciando la nuca con los dedos, que luego suben por la parte de atrás de la cabeza hasta extenderse sobre ella. A él solamente le falta echarse a ronronear, las comisuras de sus labios se alzan ligeramente dibujando una media sonrisa que dice Sigue. Sus hombros bajan, el masaje le calma, le alivia. Es la caricia, el cariño que cura. La sala está atestada de enfermos y acompañantes. Pero ellos están solos.

_ _ _

_ _ _

La enfermera sale, suelto otro nombre de la lista, y él abre los ojos para encararse con su compañera. Se dan un beso corto, de enamorados, y luego se levanta y entra. Al cerrarse la puerta tras de sí, veo cómo a ella se le va la luz de la cara, se esfuma la sonrisa con la que le despidió. Ha esperado a que no pudiese verla para tensar de nuevo los músculos de su cara, el ceño entre las cejas. Se anuda la bufanda alrededor del cuello, y agarra su bolso como si fuese un salvavidas.

Cuando desaparece por las escaleras, en la sala nos quedamos sin la luz de su esperanza.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s