¿Renacimiento? (Serie Dépor)

Y ahora, ¿qué? De la vida, a mis 31 años, he asumido que hay subidas y bajadas como en esas míticas etapas del Tour que veíamos cuando Indurain lo ganaba todo. No hay gloria que perdure, ni tragedia que se eternice. Las cosas vienen y van, y lo importante es saber disfrutarlas en el momento, incluso las que no son bellas. He abrazado y despreciado a la ciencia, he vivido y sufrido de amor y desamor, aprobado y suspendido exámenes, mayormente he estado casi siempre sin dinero, y he vivido episodios de aventura y de desventura. Hasta he aprendido a conducir, que de todo se puede hacer en la vida. En ningún momento he dejado de sentir que soy del Dépor, incluso aunque mi idiosincrasia me lleve a pensar que esos sentimientos son ridículos. Ocurre que lo que se siente nunca es ridículo.

En la 2014/15, nos salvamos de milagro en la última jornada, en el Camp Nou, nada menos. Si hubo algo o no detrás de ese empate inverosímil, nadie excepto los propios implicados lo saben, y la verdad es que, en orden de preservar la magia de la vida, es mejor no saberlo todo de todas las cosas.

La directiva, Tino Fernández a la cabeza, asumió los errores cometidos (que fueron muchos en materia de fichajes, para empezar, en la elección de un Víctor Fernández que hizo bueno a Lotina) y se trabajó desde la hora siguiente al empate contra el Barça para construir un equipo nuevo, y esta vez, además, iba en serio.

Hoy soy uno de esos que se sienten eufóricos cada vez que va a ver un partido. El Deportivo no es el de las gestas ni el de las épocas doradas. No nos lo permite la deuda. Pero por primera vez desde aquel Dépor que arañó la Champions League, los deportivistas vemos al equipo y nos sentimos orgullosos de él: por juego, por intensidad y por identificación con la afición. Porque hay un entrenador joven y serio, porque hay unos jugadores que, sin ser grandes cracks, vienen a A Coruña porque quieren venir y mejorar lo presente, y porque muchos de ellos se identifican con la ciudad y la afición a los pocos días de aterrizar. Porque corren, qué hostias.

El fútbol es un deporte, una chorrada jugada por hombres (y mujeres), meter la pelotita dentro de una red. Algo poco literario, poco vital, dicen. Quizá haya algo más. Para mí es algo más. Para mucha gente es algo más. No seré yo quien defina ese algo, tampoco seré el primero que habla de ello.

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Pero algo hay. Como las meigas.

¿El futuro? Fácil: con luces y sombras. Como la vida.

Yo te quiero dar

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