Tampoco entonces tenía nada

Camino por una calle de Coruña. Una cualidad en el aire prendido de luz provoca una chispa en mi cerebro. Un olor a comida en el aire la multiplica, y me lleva al 2008, cuando pasé un año viviendo en Catalunya.

Tampoco por entonces tenía nada, como ahora: mantenido por mis padres, postergaba la decisión de qué hacer con mi vida haciendo un máster que a la postre resultó inútil. Empezaba la Crisis, en Barcelona y alrededores empezó un poco antes que en Galicia. Pero yo era más joven y me resultaba más fácil hallar la paz a pesar de esa falta de perspectivas.

Paladeo el aroma en el aire. Me recuerda a los domingos de 2008. Eran domingos de paz en donde no había necesidad de madrugar y dejaba que el cuerpo siguiese su rumbo. A mediodía, duchado y limpio, solía salir para beber la luz inmensa de aquellos días eternos, luz pura, en un pueblecito del Vallès (no vivía en Barcelona, aunque sí viví Barcelona). El paseo solía ser corto por aquel barrio de bloques de edificios viejos y casitas pequeñas, y la primera parada era la tiendecita del pollo a l´ast, muy cerca de la calle principal, junto a los árabes. Encargaba el pollo, alguno de aquellos que ya giraban, y me iba a comprar El País, que luego me leía sentado en un banco viendo pasar a las familias jóvenes, a los hijos de sudamericanos, a los grupitos de negros africanos, a algún gallego emigrado. A veces, a principios de mes, incluso me podía permitir sentarme en una terraza y pedir una coca-cola, casi disimulando que era whisky. Dos piedras de hielo, gracias. Luego iba a por el pollo y volvía a casa.

No tenía nada en aquella época, igual que ahora, pero todo resultaba mucho más fácil. Los treinta me quedaban muy lejos, como una montaña que intuyes sobre el horizonte, sin acabar de verla, y la década era joven. No tenía nada, pero tenía todo. Sobre todo, energía. Estoy convencido de que hay alguna manera de re-convertir los domingos, habitual plaza de toreo de la melancolía y la tristeza, en aquellos domingos inmensos y pacíficos. De re-descubrir que, aun no teniendo nada, tengo de todo.

Especialmente, vida.

 

PD. Termino volviendo de mis recuerdos, y entro en la estación de bus para escribir este texto y que no se me olvide. Es difícil, ahora tengo MUCHAS ganas de pollo.

 

 

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Un comentario en “Tampoco entonces tenía nada

  1. Pingback: Lo que nos cambia / Desastrosa crónica de Pablo Und Destruktion | aullando

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