amigo Jung

Sabes que tienes que parar. No te lo dicen solamente los astros, o esta lluvia eterna, también te lo dice tu cuerpo. Has visto cómo le sucedía a otros, lo ves llegar a ti. Pero sigues, claro que sigues, qué más nos enseñan a hacer que correr. Y un día paras. Si no has pasado demasiado tiempo luchando en contra de esa sensación sin nombre, la hostia no es tan brusca. Pero es.

Supongo que para mí fue un esguince en el dedo anular de la mano izquierda. En el momento justo, eso sí. Se reunió con otros acontecimientos. Un zumbido, un abultamiento de la realidad. Y la llegad a de uno de esos libros que cuando llegan a tus manos iluminan tus sombras y las vuelven claridad descarnada.

Es curioso (mentira, mentira) que en ese mismo dedo yo tuviese el rastro de una vieja fisura, ya curada, que no logro recordar por mucho que intento. Eso dijo el radiólogo. En el mismo dedo, murmuran mis labios. Son sincronías, lo sé, no hace falta que nadie me lo diga, llevo tiempo viéndolas pasar por mi vida.

En donde nada pasa por nada, y todo pasa por algo.

Según algunas creencias, el dedo anular representa los lazos afectivos. Según otras, representa al dios Apolo, el dios de la luz. Ya lo pillo, me falta luz. Me he quedado demasiado tiempo en la oscuridad. Ya.

Pues dejemos que entre la luz.

Giants-in-the-sun

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