Algunos apuntes inconexos sobre la masturbación

Repite conmigo: yo me masturbo, tú te masturbas, él (y ella) se masturba, nosotros… Me imagino que ya te haces una idea, incluso si formas parte de ese 5% de hombres y 11% de mujeres que no conocen o se dejan al placer de masturbarse.

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Klimt, Masturbation

 

Intro

Cuando me planteé hablar sobre masturbación en el blog, sabía que me garantizaba: 1) la atención del usuario (no me neguéis que determinadas etiquetas son como miel para un oso) y 2) salir bien arriba en las búsquedas de Google (por mucho que eso sea una táctica sucia). Y es curioso que a pesar de que se trate de un tema que está en la mano, digo boca, de todos, siga constituyendo uno de los grandes tabúes de la civilización occidental. Han conseguido esto siglos de férrea dictadura eclesiástica (la negación del placer, el valle de lágrimas), con mitos tan extendidos como el de que masturbarnos puede dejarnos ciegos, que nos convierte en seres infértiles, que mata el deseo sexual o que (mayormente en mujeres) vuelve adicto a vibradores y otros utensilios sexuales. Todo esto resulta un poco rancio, porque, además, masturbarse es algo que excede los tópicos.

Quizá por pertenecer a la generación que pertenezco, la escena inicial de American Beauty me parece una intro excelente para otro texto sin pies ni cabeza.

Vagamente esperanzador, ¿no? ¿NO?

 

Ya hace unos meses que me rondaba la cabeza escribir sobre masturbación, aunque ni siquiera ahora estoy convencido de que no lo haya hecho ya en el pasado y me haya olvidado. Podría tratarse de un caso de amnesia inconsciente y anterógrada (escritores, qué raza). Lo haya hecho o no, me aventuré igualmente a este texto al ponerlo en mi lista diaria de tareas. Verlo día tras día me angustiaba de alguna forma, y esa sensación me fue empujando poco a poco a documentarme (ejem). Poner las cosas en listas siempre me ha funcionado, pero es cierto que esa presión no hubiera logrado nada de no ser por las leyes 7/1985, 30/1992 y por la mismísima Constitución Española (Títulos Preliminar y Primero). Dicha bazofia legislativa (que estudiaba en realidad para nada), provocó en mí tal tedio que me vi abocado a lanzarme a escribir. Para que luego digan que la legislación no sirve para nada más que para ser mancillada (e incluso violada repetidamente).

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La erótica de la Constitución española

 

En American Beauty, por cierto, podemos ver a un Kevin Spacey en pleno ejercicio del acto, buscando un poco de alivio al comienzo de otro lamentable día en su anodina vida de los suburbios de una ciudad americana cualquiera. Masturbarse como alivio, qué mala mezcla. Ahora me doy cuenta de que quizá este fragmento de video no sea tan adecuado para empezar a hablar de esto, puesto que la masturbación no va necesariamente ligada a vidas frustradas o desastrosas. Es más, creo que masturbarse es más bien un acto recreativo (y gratis). Ya se sabe que todo en la vida (TODO) puede ser tratado como deleznable o maravilloso, dependiendo de la perspectiva que se utilice en cada caso.

 

¿Qué nos motiva realmente a masturbarnos?

Supongo que hay quien (per)sigue una fantasía determinada (o varias), en ocasiones incluso recurrente: una vieja amiga del colegio, un profesor de universidad, la hermana menor de tu mejor amigo, el frutero, Sofía Loren. Sé también de quien se masturba de una forma mucho más abstracta, puramente basada en un ideal de belleza diríase que presocrático (olé). De entre los hombres (mi perspectiva personal) sé que, solos o en manada, la mayoría prefiere la revista (quizá muy analógico y ochentero), la peli porno, e inclusive (los más atrevidos, y siempre siempre en verano), un melón recalentado al sol. Hay tantos patrones como personas, pero lo habitual es que todos nos agrupemos en esa parte central de la campana de Gauss del comportamiento humano. Lo que todas las personas buscan al hacerlo es, eso sí, placer. A veces es placer por placer, en otras ocasiones, como le pasaba a Kevin Spacey, es un medio usado para aliviar la ansiedad, la frustración, para calmar ese nervio que a veces nos consume por las noches. Y no dudo que haya quien, como Paquirrín, se hagan una paja a media tarde por puro tedio.

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Otra cosa que siempre me ha fascinado es la variedad en cuanto a la localización del acto. Aunque reconozco que muchas personas son fieles a un mismo lugar, ya sea por conservadurismo o por comodidad (la cama, el baño, la ducha), otras aventureras se dejan llevar por el impulso allí donde les pilla: en el bus, entre otros pasajeros; en la sauna de un complejo polideportivo; en el baño de un restaurante; en la misma cama que compartes con tu pareja mientras ella duerme; en la mesa de la biblioteca, si no es época de exámenes; en un tanatorio (puntúa doble). El ser humano es una especie innovadora, y la masturbación no se incluye entre las excepciones (incluyo imagen con un caso reciente de innovación):

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Noticia real

 

(Inciso: siempre me han fascinado, como concepto, las pajas colectivas. Dada mi naturaleza de pajillero solitario, esos grupos de adolescentes (o adultos) que se reúnen alrededor de la luz cálida de una pantalla mientras suena la misa de una peli porno y, ni cortos ni perezosos, extraen sus miembros erectos para masturbarse, me resultan un puro enigma)

 

Famosos

Me pasé varias horas buscando citas de masturbación en la red (en castellano y en inglés), y, ¿sabéis qué? Que no hay tantas. Para tratarse de algo que hace la práctica totalidad de seres humanos, me encontré con un desierto poco fértil de citas. Seguramente haya muchas perdidas en la bibliografía más analógica, pero no me pagan por escribir, así que cuando la búsqueda se volvió árida desistí. Citaré, sin embargo, las que más me han gustado de las que he visto por la red. Woody Allen (ese que supuestamente abusó de su hija) tiene varias, mi preferida un ambiguo La masturbación es el sexo con alguien a quien amas, que a saber exactamente qué significa…

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Él también

 

Es cierto que, al menos, nuestro amigo Woody no necesitó extenderse centenares de páginas para hablar del tema, como hizo el verborreico Foster Wallace en El rey pálido: ríos de tinta que a menudo no significan más que pura incontinencia verbal. La mayoría de las citas juegan más bien a ser bromas usadas para salir del paso ante la inesperada pregunta de un periodista. Tenemos razones para creer que el ser humano empezó a caminar erguido para liberar sus manos con objeto de masturbarse, Lily Tomlin. Lo bueno de la masturbación es que no necesitas vestirte de forma elegante para ello, dijo un glamuroso Truman Capote. Pero eso, creo yo, no es meterse de cabeza en el tema, sino frivolizar. Pessoa echó mano de la filosofía, con un obtuso El desdoblamiento del yo es un fenómeno en gran número de casos de masturbación, y Albert Espinosa, mucho más cotidiano y vivaz, cuenta en su El mundo amarillo (muy recomendable) que un terapeuta le dijo que Uno es lo que es después de una paja, aludiendo a esos fugaces momentos de paz endorfínica que suceden al orgasmo y en los uno no es más que pura esencia, mente en blanco. Es una pena que no se pueda permanecer mucho rato en ese estado. Uno de mis ídolos literarios, el gran Julio Cortázar,  llegó a decir A los nueve años yo me masturbaba debajo de un ombú, era realmente patriótico, pero más que aportar alguna información de valor, solamente indica una precocidad admirable (ese sería otro campo en el que profundizar: a qué edad se empieza). Puestos a escoger, me quedo con el histriónico y cuasi trágico Chuck Palahniuk, autor (entre otros) de El club de la lucha o Snuff, y que me encanta porque coincide con lo que yo mismo pensé la primera vez que me masturbé: La primera vez que me hice una paja, pensé que lo había inventado. Me miré la mano pringada y recuerdo que pensé, Esto va a hacerme rico.

Chuck Palahniuk

Él también, pero además, creyó que era el primero

Cierto como la vida misma: al terminar de hacerme la primera paja de mi vida, y tras esos pacíficos momentos post-orgasmo, también yo me vi arrasado por una sensación de asombra: creí ser inventor de esa maravillosa forma de recrearse mediante el equipamiento que todo cuerpo humano trae de fábrica. También recuerdo la decepción sentida al enterarme de que todos a mi alrededor lo hacían (la mayoría de los cuales, además, mucho antes que yo, instigados por sus hermanos o primos mayores). Digamos que el tema perdió originalidad, pero ni mucho menos gracia.

 

Etimologías

Las etimologías, aunque a veces son un poco absurdas (y tediosas), pueden resultar reveladoras, y me gusta echar mano de ellas siempre que puedo.

Para el acto en sí que ocupa este texto podríamos hablar de dos términos diferentes: masturbación y, notablemente más culto y bíblico, onanismo. Este último hace referencia a un personaje de la mitología judeocristiana, Onán, experto en malgastar su semen. La historia cuenta que, forzado a casarse con la viuda de su hermano por alguna de esas extrañas normas de la Antigüedad, el pobre de Onán no tenía la menor intención de dejar a su cuñada embarazada, puesto que los hijos de dicho acto no serían considerados suyos, sino de su hermano fallecido. Debía tomarse el tema de la paternidad muy en serio, no así el del sexo, y tamaña contradicción la solucionaba, justo antes de venirse, sacando su pene de la vagina de su mujer y eyaculando al suelo. Viendo Dios esto, y furioso por el desperdicio, dijo aquella cita ya famosa de No desperdiciarás tu simiente. Pero hay más: en realidad, en el Génesis no se encuentra esa frase.

Génesis 38:7-10

7 Y Er, el primogénito de Judá, fue malo a los ojos de Jehová, y quitóle Jehová la vida.

8 Entonces Judá dijo a Onán: Entra a la mujer de tu hermano, y despósate con ella, y suscita simiente a tu hermano.

9 Y sabiendo Onán que la simiente no había de ser suya, sucedía que cuando entraba a la mujer de su hermano vertía en tierra, por no dar simiente a su hermano.

10 Y desagradó en ojos de Jehová lo que hacía, y también quitó a él la vida.

Ya vemos que la consecuencia directa del desperdicio de Onán fue perder su vida, un tanto extremo, como siempre que hablamos de religión. Así, de Onán y su rebeldía, el onanismo.

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Onán: murió por sus ideas

 

En cuanto al término masturbación, su origen es menos sangriento: procede del sexo lingüístico entre varias voces clásicas, dos de ellas latinas (manu turbare: turbar con la mano; y manu strupare: violar con la mano) y una griega (μαστροπεἰα [mastropeia]: estimulación sexual). Como se puede observar, términos todos de significado similar y acorde con el tema que nos ocupa. Y que incide, además, en que la cosa se hace con la mano (aunque no exclusivamente; sobre aparatos y utensilios y artilugios orientados a la masturbación también se podría hablar largo y tendido).

 

Tiempo ha

Como decía más arriba, el 95% de los hombres se masturban, un 87% entre las mujeres. En esta última cifra me gustaría incidir, pues aunque estas estadísticas siempre hay que tomarlas con cuidado, es un porcentaje notablemente mayor del que habita en el imaginario popular. Siendo la masturbación un tabú en nuestra civilización, la versión femenina del acto ha sufrido y sufre uno de los encubrimientos más sucintos de la historia: las mujeres no se masturban.

En los tiempos en que empezaba a masturbarme, mi colegio de curas recibió un aluvión de adolescentes del género femenino (no por decisión propia, sino por imposición legal). En los baños del patio, en los corrillos entre clases, en las filas que se organizaban para cantar el Padre Nuestro, jamás llegué a escuchar una sola afirmación a favor de que las mujeres se la cascasen. Ellas no hacen esas cosas, solía escucharse. En los apartados de educación sexual de los libros de texto solamente se hacía referencia a la masturbación referida a hombres o, como mucho, en un tono asexuado y neutro.

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Pobre Santa Teresa de Jesús…

 

Es cierto que ya no estamos en tiempos de brujas y hogueras, y que poco a poco algunos tabúes se van rompiendo. Pero lo hacen muy despacio. Si bien la gran mayoría de hombres afirman masturbarse sin ningún tipo de vergüenza (incluso he conocido a uno que no lo hacía pero que en público mentía para no ser objeto de burlas –verídico), con las mujeres es otro rollo. En tiempos costaba encontrarse con una lo suficientemente rebelde como para sacudirse clichés y vergüenzas y soltarte un par de verdades, entre ellas la de que claro que se masturbaba, así que era fácil que uno terminase creyéndose que la inmensa mayoría de mujeres evitaba esos placeres (más o menos) privados. Quizá es que soy de provincias, pero da la impresión, en muchos círculos, de que el hecho de que una mujer se dé placer a sí misma molesta. De que es algo malo, algo que, como poco, obliga a mirar hacia otro lado y cambiar de tema.

 

Biología

La biología (que no los científicos, casi siempre demasiado pretenciosos) siempre puede aportar una información más indiferente e imparcial. En la medida de lo posible. Aunque hay contadas excepciones (la mayoría, creo yo, debidas a desconocimiento más que a su naturaleza esencial de excepción), todo lo que contiene el cuerpo humano, ya sea a nivel emocional, conductual, físico o fisiológico, tiene una razón de ser (o la tuvo). Y la masturbación no es una excepción. En el caso de los hombres, presenta la función fisiológica de deshacerse del exceso de espermatozoides, cuya acumulación indebida favorece la teratogénesis, es decir, la formación de espermatozoides con malformaciones. Si estos espermatozoides participan en el coito, pueden llegar a fecundar al óvulo, y dar lugar a cigotos también malformados.

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Pocos y malos

 

De ese modo, la masturbación masculina asegura una liberación de esperma más o menos constante, e indiferente al número de coitos que el macho efectúe. A nivel conductual, la masturbación también cumple una función, puesto que ayuda a sublimar las efervescentes emociones juveniles y reduce así la conflictividad entre machos de la misma manada, favoreciendo así la cohesión de grupo. Dos pájaros de un tiro. Como decía el terapeuta de Espinosa, Uno es lo que es después de una paja, la paz endorfínica alzando la bandera  de la paz social. Todo este andamiaje biológico para explicar la existencia de la masturbación se tambalea al introducirse en la sección femenina de la especie. Al igual que pasa con su orgasmo, la ciencia biológica todavía no ha encontrado una función clara para la masturbación femenina. Pero su existencia y pervivencia es un indicativo de que dicha función existe. Con el orgasmo, acabó intuyéndose que las contracciones que lo acompañan evitan que el semen se escurra fuera de la vagina. Al menos, actualmente no se lo considera una enfermedad o signo claro de posesión demoníaca. Dejando de lado a histéricas e histéricos, el hecho de que las mujeres se masturben casi tanto como los hombres es clara evidencia de que la función biológica ha de existir, y que siga siendo un estigma social o algo mal visto depende de que empecemos a considerarlo sano y natural, y no algo truculento (Eso es puro vicio, escuché decir a un hombre de mi misma generación hace no tanto tiempo).

El placer no es cosa del diablo.

 

Fin

Quizá buscar un origen biológico para la masturbación sea un sinsentido, un despropósito. Las cosas existen sin necesidad de que las expliquemos. Sin ir más lejos, el arte no cumple una función crucial en la supervivencia del ser humano, pero ha evolucionado desde la aparición de la conciencia y subsistido incluso en las épocas más oscuras de nuestra especie. La vida se excede a sí misma, nuestra percepción supera sus límites una y otra vez, y la contemplación placentera de la belleza no necesita un motivo. Es un exceso vital que nos diferencia. Quizá todo se someta a una innecesaria clasificación, un análisis excesivo que hace que la magia se desprenda de las cosas que existen.

Como los demás seres vivientes y sintientes, buscamos placer y sentirnos cómodos en nuestra existencia. La búsqueda de placer forma parte intrínseca de nuestra esencia, ya sea contemplando la belleza del mundo, de nuestro propio arte o mediante la masturbación.

Vamos con retraso para desprendernos de los viejos ropajes y mostrar nuestra desnudez. Salgamos a la calle en pelotas y toquémonos, masturbémonos unos a otros, corrámonos en las cunetas y alcemos la voz, porque eso no es desperdicio de la simiente. Dejemos que el mundo se llene de gemidos contracturados y que el aire rezume humedad y fertilidad.

Será mejor que seguir tapando nuestras propiedades esenciales.

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Seamos de verdad

 

PD. Corolario cachondo el que nos da Philip Roth en su El lamento de Portnoy: ARTISTAS DE LA MASTURBACIÓN, ¡UNÍOS! ¡NO TENÉIS NADA QUE PERDER MÁS QUE VUESTRA INTELIGENCIA!

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2 comentarios en “Algunos apuntes inconexos sobre la masturbación

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