13 de diciembre; SOBRADO DOS MONXES – ARZÚA

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Senda Estelar 511

Los principios de la justicia son escogidos tras un velo de ignorancia. J Rawls

 

Estoy helado al despertar. Las paredes desnudas de piedra del monasterio convierten la estancia en un congelador. Me meto en cama con María un buen rato, dos cuerpos calientes acurrucándose, pero luego me levanto para ir a desayunar. El té de bolsa es tan malo, ácidas mandarinas al amanecer. En mi móvil lucen mensajes de las amigas de María, que quieren saber qué es de su vida. Les respondo mientras vagueo con pereza por la pretenciosa y lenta prosa de Modiano. Ya intuyo el abandono. María aparece un rato más tarde, y tras recoger a oscuras, salimos del monasterio. Por entre los setos ronda un gigantesco perro blanco, como un fantasma.

Senda Estelar 507

Llovizna.

Senda Estelar 508

Compostela está tan cerca que ya transforma los días, los vuelve imperiosos y aburridos, aunque su naturaleza sea la misma que la de los casi treinta días que nos preceden. El cielo sigue pegado al suelo, gris y lluvia, y no hablamos de nada. Pongo la radio con la intención de que me entretenga igual que ayer. Hay un programa de bossa-nova, pero termina y el siguiente no merece la pena. Además, la radio se desintoniza todo el tiempo, así que acabo apagándola. Hoy no caminamos rápido, la etapa es más corta y en mis piernas pesan los cuarenta de ayer. Me columpio largo rato en feos pensamientos de envidia, de celos, de autocrítica, de complacencia. Aún sigo pensando en el Incidente de la Manzana, que es tan absurdo como la vida: cuando salíamos del monasterio, Max tiró al camino de piedra el corazón de una manzana, y a mí me sentó mal que lo hiciese únicamente porque nos encontrábamos en un monasterio, la iglesia, la curia. Un acto irrespetuoso es un acto irrespetuoso, sea donde sea, pero probablemente me pareció mal sólo a causa del cansancio.

 

Nos paramos a comer en medio de la nada: mandarinas. En un momento dado, de esos que ninguno de los dos recordará, abandonamos el concello de Sobrado dos Monxes y entramos en el de Arzúa, uno de los centros ganaderos de Galicia. Los campos siempre verdes están recubiertos de vacas, vuelvo a la radio mientras nos arrastramos por pistas vecinales y caminos rurales como satélites fuera de órbita. Escucho el romántico reportaje de una periodista de turismo sobre Miami, luego el CD de The Wrens. En Arzúa el camino del norte se fusiona con el francés, así que este es nuestro último día por los caminos solitarios y vacíos.

Senda Estelar 510

Estamos ya entrando. Al lado de un campo de fútbol, mareas de niños estimulados corren por la acera, estimulados. Vienen de jugar sus respectivos partidos, disimulando ser profesionales como los que observan en la televisión: veo-imito. Compramos empanada de bacalao en el Eroski, y luego entramos en el albergue, una bella y reformada casa de piedra. Sobre el pueblo parece abatirse una atmósfera de tensión. Dejamos nuestras cosas y nos duchamos.

Al rato llega Max, luego Jordi.

 

Es después de comer y nos vamos a tomar una cerveza a un bar. También compramos algo de queso de Arzúa, del que le hemos hablado a Max, y membrillo y pipas y unas lujosas cerezas, y por la noche cenamos acompañados por un jubilado andaluz que cuenta chistes continuamente, vacilando a la hospitalera, una gallega muy gallega que se deja querer y responde con una retranca que, creo, al andaluz se le escapa o confunde con simple inocencia. El grupo de peregrinos que viene del camino francés resulta ecléctico y extraño. Además del jubilado andaluz, que dice haber hecho el camino muchas veces, hay un uruguayo de rostro cetrino y oscuro que no hace otra cosa que quejarse todo el tiempo del Camino y su mercantilización. Necesita la queja, por algún motivo. En algún momento, dice que a su restaurante llegó a ir Messi. Les acompaña, también, una francesa de voz estridente a la que el andaluz trata de cortejar y/o emborrachar. Nosotros vamos cenando con la mesa llena de comida mientras el andaluz cuenta sus chistes y otras historias sobre el camino, encuentros y desencuentros, y en su voz empieza a aparecer un matiz de tristeza que se revela del todo mientras cuenta la historia de su hijo, un transexual, y del proceso de aceptación que ha desarrollado, al contrario que su esposa. Yo quiero a mi hijo sea hijo o hija, dice. El uruguayo acaba por retirarse, como aburrido, mientras el andaluz recupera su buen humor y nos advierte de los estratosféricos ronquidos del sudamericano.

Y, efectivamente, cuando subimos a dormir, la orquesta es casi demencial. También huele mucho a réflex, y a pies, y entre el aroma y el concierto, termino por ponerme los tapones, leyendo sin mucho interés y tratando de ignorar el barullo que inunda las calles de este sábado noche.

Se termina.

Senda Estelar 512

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Un comentario en “13 de diciembre; SOBRADO DOS MONXES – ARZÚA

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