aprender no tiene tiempo (temblores entre dos sesiones (y media) de reiki)

Aprender no tiene tiempo, sólo tiene momento, se aprende todos los días si lo permites, o no se aprende nunca, si metemos quinta y nos olvidamos de mirar lo que hay al otro lado de las ventanillas, si nos olvidamos de parar y contemplar, para convertirnos en un esqueleto, bebé a niño a adolescente a niño-adulto a niño-viejo, un tránsito completo sin aprendizaje alguno, el alma famélica finalmente huesos y polvo, ceniza, luminiscencias nocturnas en cementerios orientados al mar, un recuerdo que se diluye.

Aprender no tiene tiempo, y no se aprende viviendo en el perpetuo ataque preventivo, se aprende manteniendo la firmeza flexible de los árboles, adaptados al viento no con la resistencia sino con el abrazo a lo real, se aprende si logras usar la tierra con la que se te entierra para construir una rampa y salir del pozo, se aprende si creces en una rendija de tierra polvorienta, en una acera, sin lamentarte por no vivir en un vergel, santificando y agradeciendo ese pedazo de universo concedido, se aprende si se agradece con la fuerza de las flores llameantes.

Aprender no tiene tiempo, se aprende cuando uno quiere, se aprende si abrimos el interior al exterior, ignorando la ilusión de que hay diferencia entre ambas realidades, idénticas y sólo separadas por una piel, aprendemos si abrimos el pecho y bajamos bien los hombros, si respiramos y nos alineamos con la existencia, convenciéndonos de mirar, pues ver, ve cualquiera, es la capacidad de los ojos, pero mirar es una capacidad del espíritu, igual que permanecer en silencio, hacerse a él, convertirlo en un lugar fértil.

Aprender no tiene tiempo, se aprende cuando menos lo esperas y aparece un maestro sutil, con su mirada diferente, siempre ilustrando con su ejemplo el alejamiento del pensamiento hacia la isla de la acción, absolutamente indiferente al abismo que los separa.

Aprender no tiene tiempo, se aprende cuando uno se libra del óxido que atenaza nuestra armadura, cuando se retira la pátina de bueno o malo del poder esencial de los sustantivos, cuando se eximen las tristuras y melancolías, emociones que han de dejarse ir con la aceptación y la ofrenda, aprender es un viaje en el que no cabe arrepentimiento.

Aprender, no tiene tiempo.

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