El huevo

(traducción propia de un texto anónimo que me dio a conocer mi amigo Max, compañero de la senda estelar)

 

Falleciste en la carretera: fue un accidente de coche. Nada especial, pero sin duda fatal. Dejaste una mujer y dos hijos. Fue una muerte sin dolor. Los servicios de emergencia intentaron salvarte, pero todo fue en vano. Tu cuerpo estaba tan destrozado que fue mejor así, créeme.

Y así es como me conociste.

¿Qué… ha pasado?, me preguntaste. ¿En dónde estoy?

Has muerto, dije. No había necesidad de tener pelos en la lengua.

Había un… un camión, y estaba derrapando…

Si, dije.

¿Estoy… muerto?

Si. Pero no te sientas mal. Todo el mundo se muere, dije.

Miraste alrededor. No había nada. Solamente tú y yo.

¿Qué es este lugar?, preguntaste. ¿Esto es el Más Allá, la otra vida?

Más o menos, dije.

¿Eres Dios?, preguntaste.

Si, repliqué. Soy Dios.

Mis hijos… mi mujer, dijiste.

¿Qué pasa con ellos?

¿Estarán bien?

Así me gusta, dije. Te acabas de morir y tu mayor preocupación es tu familia. Hay muy buen material aquí.

Me miraste con fascinación. Para tus estándares, supongo que yo no me parecía a Dios. Solamente parecía un hombre cualquiera. O posiblemente, una mujer. Alguna figura con una vaga autoridad. Más un profesor de gramática que el Todopoderoso.

No te preocupes, dije. Estarán bien. Tus hijos te recordarán como alguien perfecto. No tendrán malos recuerdos de ti. Tu mujer te llorará, pero secretamente respirará aliviada. Para ser justos, vuestro matrimonio iba cuesta abajo. Si te sirve de consuelo, ella se sentirá muy culpable por ese sentimiento de alivio.

Oh, respondiste. Así que, ¿ahora qué? ¿Iré al cielo, o al infierno, o algo?

Nada de eso, dije. Te reencarnarás.

Ah, dijiste, así que los hindúes estaban en lo correcto.

Todas las religiones lo están a su manera, dije yo. Camina conmigo.

Tú me seguiste a un lado, a través del vacío.

¿A dónde vamos?

A ningún lugar en concreto, dije yo. Es agradable caminar mientras hablamos.

Entonces, ¿cuál es la historia?, preguntaste. Cuando renazca, ¿seré un lienzo en blanco, no? Un bebé. Todas mis experiencias y lo demás que haya hecho en esta vida no importa.

No tanto, dije. Llevas dentro todo el conocimiento y experiencia de todos tus yo pasados. Solo que no los recuerdas ahora mismo.

Me paré y te agarré por los hombros.

Tu alma es más magnífica, bella y gigantesca de lo que tú probablemente puedes imaginarte. Una mente humana solamente puede contener una diminuta fracción de lo que eres. Es como meter el dedo en un vaso de agua para comprobar si está caliente o fría. Pones una pequeña parte de ti en el vaso, y cuando lo sacas, has ganado las experiencias. Has sido un humano en los últimos 48 años, así que te has esforzado y sentido tu inmensa consciencia. Si te doy el tiempo suficiente, empezarías a recordarlo todo. Pero no hay razón para hacerlo en este paréntesis entre vidas.

¿Cuántas veces me he reencarnado?

Montones, montones y montones, dije. Está vez serás una campesina china del 540 A. C.

Espera, ¿qué?, preguntaste. ¿Me vas a enviar al pasado?

Bueno, técnicamente, supongo. El tiempo, tal y como tú lo conoces, solo existe en tu universo. Las cosas son diferentes en el lugar de donde vengo.

¿De dónde vienes?, dijiste.

Oh, ya, y expliqué: Vengo de alguna parte. Alguna otra parte. Y hay otros como yo. Sé que querrías saber cómo es ese lugar, pero honestamente, no lo entenderías.

Oh, dijiste, un poco alicaído. Pero, espera, si me reencarno en otros lugares en el tiempo, podría llegar a interactuar conmigo mismo.

Claro. Pasa todo el tiempo. Y con ambas vidas solamente conscientes de sí mismas, ni siquiera sabes que está pasando.

Entonces, ¿cuál es el objetivo de todo esto?

¿En serio?, pregunté. ¿En serio? ¿Estás preguntándome el sentido de la vida? ¿No es un poco tópico?

Creo que es una pregunta razonable, insististe.

Te miré a los ojos. El sentido de la vida, la razón por la que hice este universo entero, es para que evoluciones.

Quieres decir, ¿la humanidad? ¿Quieres que evolucionemos?

No, solamente tú. He hecho este universo por ti. Con cada nueva vida creces y maduras y te vuelves mayor y tu intelecto más grandioso.

¿Solo yo? ¿Qué hay de los demás?

No hay nadie más, dije. En este universo, solamente estamos tú y yo.

Te quedaste planchado.

Pero toda la gente de la Tierra…

Todos son tú. Diferentes encarnaciones de ti.

Espera. ¿Soy todo el mundo?

Ahora lo vas pillando, dije, dándote una palmada en la espalda.

¿Soy cada ser humano que haya vivido?

Y cualquiera que vaya a vivir, si.

¿Soy Abraham Lincoln?

Si.

¿Soy Hitler?, preguntaste de pronto, abatido.

Y eres también los millones de personas que mató.

¿Soy Jesús?

Y eres todos los que le siguieron.

Te quedaste callado.

Cada vez que hayas maltratado a alguien, dije, te estabas maltratando a ti mismo. Cada acto de amabilidad que has tenido con alguien, te lo has hecho a ti mismo. Cada momento feliz y triste que hayas experimentado con cualquier ser humano, o que vayas a experimentar, lo has hecho contigo mismo.

Pensaste durante un rato.

¿Por qué?, me preguntaste. ¿Por qué hacer todo esto?

Porque, un día, te volverás como yo. Porque es lo que realmente eres. Eres uno de los míos. Eres mi criatura.

Guau, dijiste, incrédulo. ¿Quieres decir que soy Dios?

No. Aún no. Eres un feto. Todavía estás creciendo. Una vez hayas vivido caya vida humana a lo largo del tiempo, habrás evolucionado lo suficiente para nacer.

Entonces, el universo entero, dijiste, es solo…

Un huevo, respondí. Y ahora es el momento de que te muevas a tu siguiente vida.

Y te envié de nuevo al camino.

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4 comentarios en “El huevo

  1. Interesante enfoque, de alguna manera, creo que todos tenemos esa sensación de agrupar el universo dentro de nosotros mismos, la mente siempre nos protege y nos prepara para los más terribles acontecimientos, para las situaciones más inverosímiles… Precioso y expectante relato…..

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    • Es un ir más allá del clásico concepto de reencarnación, o al menos, combinarlo con el concepto de unidad. Si nos reencarnos, y todos somos uno, cada una de las personas con las que tratamos somos nosotros mismos. Y aunque no fuese cierto, es una máxima que aplicada al comportamiento cotidiano, nos convierte en seres más generosos: ‘trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti mismo’…

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