Crematorio, de Rafael Chirbes

Crematorio, de Rafael Chirbes, es el tipo de libro que no le recomendaría leer a nadie que ame incondicionalmente España (o la idea de España). Porque Crematorio es el tipo de libro que te haría huir lo más rápido posible de un país que se descompone, que ilustra un lugar en plena decadencia: arena sucia, putas baratas, cocaína, edificios de mierda.

Lo cierto es que casi siempre llego tarde a los escritores vivos, y cuando me enteré que había que leer a Chirbes, el autor valenciano ya se estaba muriendo. De modo que cuando terminé de leer Crematorio, su cadáver probablemente lucía parecido a la España que describe en su novela.

Crematorio es muchas cosas, la mayoría, además, muy bien hechas. Una obra crepuscular que revisa muy críticamente la sociedad española que fue escupida del tardofranquismo hacia la transición y el Primer Mundo, un tránsito que cada vez se demuestra más turbio, más colmado de negocios oscuros, intereses aún más oscuros, medias verdades y grandísimas mentiras. La bestia sanguinaria del capitalismo cayendo a plomo sobre una sociedad española que era, en muchos casos, una sociedad de paletos y caciques, gente que, llegado el momento, lanzó al arroyo sus ideales y principios revolucionarios para hacer pasta. Crematorio también es una novela muy necesaria, vista la frivolidad de los tiempos que corren, en los que la desmemoria parece, junto con el fútbol, el mayor pasatiempo lobotomizador del país. Todo esto nos lo cuenta Chirbes a través de una familia, los Bertomeu, cuyos miembros van contando su historia a raíz de la muerte de uno de ellos, Matías, uno de estos idealistas hipócritas que acabaron cediendo a un mundo que funciona mediante la especulación, el delito y la decadencia. La historia está excepcionalmente bien contada, en sucesivos capítulos sin título en los que cada miembro de la familia pone su voz para formar una coral en donde las diferentes perspectivas se complementan, generando una visión de la realidad que, a través de los fragmentos, se vuelve completa. La prosa de Chirbe es compleja, pero engancha con el paso de las páginas, sumiéndote en una desazón intangible, un pesimismo transmitido por el paso de las hojas, puro escalofrío. Leer Crematorio es incómodo, es enfrentarse a una realidad que conoces pero que intentas ocultar e ignorar por todos los medios posibles. Por cierto que Crematorio también es Misent, un lugar de la costa valenciana trasunto de cualquier pueblo del Levante: lugares calamitosos arrasados por la especulación inmobiliaria, el capitalismo, la avaricia, la delincuencia en todas sus formas, un lugar ya sin alma, puesto que la vendió al mejor postor cuando ya no quedó nada más que vender. Misent es España.

En Crematorio, Chirbes combina a la perfección capacidad literaria, profundidad intelectual y una capacidad de observación de la realidad que quita el sentido. Es una visión deprimente, dolorosa y amarga, pesimista, pero también certera, de la que uno emerge haciéndose una pregunta que probablemente también se hizo su autor: ¿hay marcha atrás para todo esto, o no queda más que llevar a España al crematorio y esparcir sus cenizas al mar?

 

También en El Herald Post

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Un comentario en “Crematorio, de Rafael Chirbes

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