Crónica difusa de un viaje en tren

Viajar me excita, me pone. Pensé durante mucho tiempo que le pone a cualquiera, pero descubrí que no, que no a cualquiera le excita la idea de subirse a un tren, que no cualquiera es capaz de sentir esa magia, esa aceleración de la realidad, esa activación. Como con todo en la vida, o va contigo, o no va.

Y conmigo va, aunque las despedidas siempre duelan, y algunas, concretamente, duelan mucho: A Coruña.

InstagramCapture_8fa84ef1-cc20-42e4-916f-69fcd8105952

Os Peares / pueblo en dos, puente y río / me como dos mandarinas / suspiros rumorosos en el vagón.

InstagramCapture_5badf8b7-4bc8-4fca-8539-3435e70eee48

Me doy cuenta que estoy atrapado en un tren donde la única cerveza es: cruzcampo. El horror. Mientras tanto, rondamos un río camino del Monforte de Pereiro y sus nudos. Todo se cubre de una capa de principios de los ochenta: navajas, jeringas, heroína.

 

Suena Rajmaninov. Sí, últimamente me va la música clásica. ¿Y?

 

Hay un pueblo que parece salido de los setenta, por cierto. Escribo: Marbella con huertas. Pero ahora mismo, pasando mis notas, no tengo ni idea de qué quería decir con ello. Luego llega Quiroga. Lugares, retina.

 

A Rúa entre montañas. Recuerdo de nieve en abril.

InstagramCapture_de8ed0bd-4a24-4c64-b08f-5680f4d3e1bd

Los humanos seguimos a los ríos. Yo siempre sigo el mío. En cada uno de nosotros hay un río oculto a punto de desbordarse.

 

Antes de O Barco veo una de esas naturalezas muertas que me gustan, es una factoría abandonada: musgo cubriendo las zonas sombrías, paredes caídas o medio rotas, grafitis, chimeneas sucias de hollín, óxido, mucho óxido. Etcétera. Es la vida. Corrosiva.

 

Hay una mujer del este de Europa que habla sobre TODO lo que engordó durante el embarazo; en diagonal a ella, un peregrino de sesenta años observa Jurassic World, que desfila sin sonido por la pantalla temblorosa; frente a él, una mujer indígenamente sudamericana duerme, duerme mucho.

 

No harm, de Editors, abandonando Galicia. Hasta quién sabe cuándo. Hasta quién sabe cuánto.

 

Muchos restos de riadas: fluviales y emocionales.

 

Pizarra, montañas de. Desmenuzadas sobre los ríos, desmenuzadas sobre pueblos construidos en, la tierra negra, las almas mineras.

 

Las montañas se vuelven inmensas. Siempre me lo parecen, siempre me atraen. Me envuelven sus nieves mientras suena un concierto de Olafur Arnalds. Que me prepara para el frío caliente.

 

Ante el río hay un hombre sentado en una silla de plástico, de las de terraza cutre. Va bien abrigado, ante él la caña de pescar hundida en la tierra. Pesca y espera. Espera a la vera del río. Está solo.

 

Hablo con Víctor, mi primo bilbaíno-canario, flanqueado por montañas. Hablamos de negocios, de cursos, de aprendizajes. Que quién sabe si me entrarán o no.

 

Recuerdo a la que me llamaba gitanillo, en Ponferrada, en esos bloques de edificios que flanquean las vías ferroviarias, el museo del tren. Ponferrada en mi memoria. Luego pasamos Bembibre, y ese pueblo hippie que jamás llegué a visitar. La vida abandonada.

InstagramCapture_18a16d3b-7798-45c2-afcc-58bde6ece95d

Vega-Magaz: me quedo sin comida; qué mal cálculo.

 

Maldito p*** broma infinita. ¿Sabes cuando pides un deseo? ¿Y se te cumple? Nunca, nunca, nunca más, voy a pedir por Navidad un libro de Foster Wallace. Estamos a abril. Seguimos.

 

Astorga: un casa medio derruida, obviamente abandonada, en un rincón, bajo un taco de sillas de plástico, un gato siamés se relame y mira pasa el río, y de paso, el tren. A lo lejos, tras la casa, los nevados montes de León. A mi espalda, un gallego-catalán, emigrado hace décadas, habla por teléfono. Otro emigrante, que ya se olvidó de que lo es.

InstagramCapture_54d06751-a7a7-4af4-9753-4e35e5a22b6d

Caigo en León: cruzcampo, 2,60€.

 

Yendo a Palencia duermo, afuera los campos de secano, esos que siempre he visto tan tan aburridos, y que un profesor de biología que pertenecía a una secta del sol me decía, hace años, que también tenían su encanto. A veces alguna colinilla. A veces, estratos de historia en el cielo de las iglesias. Y cigüeñas.

InstagramCapture_25f203ef-16d2-4fe8-a444-bc9c33345c15

Estamos en alguna parte de la provincia de Burgos, y en el cielo veo una nube que juega a ser ese cerdo con manzana en la boca que se le escapó a Homer Simpson. Cada uno ve lo que quiere en la realidad.

 

En Estepar veo mil casas abandonadas, apenas alguna con signos de estar habitada. Y una casa de putas: cerrada.

 

Intento escribir en un tramo de media hora en que, precisamente, el tren tiembla sobre unas vías de mierda. Inquietante.

 

Pasa Burgos capital, y llegan los páramos, las charcas abandonadas, los árboles siniestramente parasitados, solitarios en la llanura.

InstagramCapture_dcb7346c-216b-4696-83db-b2aad7aa552f

Es Euskadi, y lo sabes. Miro el verde. En Pancorbo, miro pasar las laderas de hierba, y las montañas rocosas, allí donde un día estuve en una excursión de fin de curso, camino de Sangüesa, mientras a mi lado, en el vagón restaurante (por llamarle algo) esa amiga le dice a otra que la vida pasa, que le ve cinco minutos cada tres meses, y que eso no es vida, y mientras tanto yo recuerdo viajes pasados, y ese momento tan mágico, siempre, en que abandono el desierto castellano para entrar en la particularidad euskalduna.

InstagramCapture_9199ea78-84dd-4c28-aea8-993d66cf2281

InstagramCapture_514d0839-9981-48f7-96e4-6e408dfa2344

Con Jamie XX, llueve. Por cierto, llueve mucho, no txirimiri.

 

Entramos en la industrial Miranda de Ebro. Allí me hablan de miedos. De los míos, de los suyos, de los de todos. Humanos.

 

¿Qué le pides a la tierra que la tierra no te ha dado? Se acerca Islandia, no hay duda.

 

La Vitoria de Maurice Ravel (absurdo): veo el empedrado que conduce a ese pabellón de techo bajo en donde Cullum me hizo vibra. If I´d ruled the world. Venga ya.

InstagramCapture_03c88aac-cf1d-4864-9b5c-ea21d640a7db

En el horizonte hay una cueva que rompe el círculo: menudo erotismo hundido; menuda curva escondida. Arde el horizonte.

InstagramCapture_9fe81f02-0233-49bb-9342-83eee3484add

Apenas se mueve, ella. No mira por la ventana. No duerme. Respira despacio pero veo que respira con el pecho, turbada. ¿Qué pasará por su cabeza? ¿A dónde va? ¿Qué siente?

 

Rafstraumur (corriente eléctrica): la oscuridad en Pamplona / aquí se baja ella, despidiéndose de mí como si hubiésemos entablado una conversación íntima, invisible… ¿Cómo te llamas?

InstagramCapture_5ad87415-f8fd-49f3-9586-82d1412a4f8a

Cada vez más oscuro.

 

Doble cantera / doble mirada / pareidolía.

 

El Pub Carrascal está entre Pamplona y Tudela. No te lo pierdas. Camiseta imperio. Pantalón con lamparón. Échate un buen casquete. Antes de volver a casa. Salva vidas. Ánimo.

 

Hacia el desierto de Aragón por tierra de espárragos.

 

Tampoco hay nada en Castejón de Ebro. Solamente casas de jubilados. Algún coche. Aún faltan tres horas y media para llegar, y estoy cansado. Cansado de España.

 

Al fondo están los Pirineos, que se confunden con nubes. Están más allá de un cielo de antenas.

 

Gallur: horizonte.

InstagramCapture_b8211cda-0ae5-414c-a054-41605d9a742a

Casetas y cristales rotos, cinco imbéciles hablando de Jugones y de Ibiza

InstagramCapture_b5a0702f-4dc9-4a0d-ae2a-fe8f7c26fd24

Son colinas leopardo, entre ellas vergeles de hierba verde alienígena. Escucho catalán en el tren, ¿acaso Aragón no es español? Ay ay.

 

Por detrás del tren, hacia Galicia, se pone el sol.

 

Mientras entramos en Catalunya, construcciones cumulonímbicas, espectaculares catedrales en el aire azul cianuro.

 

Y luego, ya solamente vino y placas solares, a 240 km/h.

InstagramCapture_99f87adc-fba8-41c0-835b-77b86f06164b

Lleida ya es crepuscular. Hay un río. Mogwai arrasa el horizonte, quemándolo. Y mucho más allá, de nuevo los Pirineos, que se me parecen al Atlas desde Marrakech: puro deslumbre de la nieve en el ocaso.

InstagramCapture_5846ffd9-d453-4643-b870-1afeb1d6a610

Finalmente: el azul muy negro. Suena Restless. Como yo, a veces. Se huele Barcelona. Fin.

InstagramCapture_c72761dc-aa71-485f-b63b-23e51f5ae829

Anuncios

3 comentarios en “Crónica difusa de un viaje en tren

  1. Pingback: Las estadísticas de Aullando (abril 2016) | aullando

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s