Cuentos leves – I

I

Sigue lloviendo mientras me fumo el pitillo. Lo veo consumirse con un sonido de hojas secas pisadas. Afuera, esa tira de plástico que cuelga se agita empapada; abajo, el suelo de terrazo siempre sucio y negro. Esto es un puto asco, como vivir en un mundo de hongos: la lluvia perpetua. Tengo que salir y no me apetece. Pies mojados, hombros caídos, la nuca expuesta y los pasos siempre rápidos para huir de una lluvia de la que aquí no se puede huir. Luego tendré que verte a ti, disimular que ya no te quiero y que me lo puedo pasar bien contigo haciendo como que somos amigos. La farsa infinita. Actos que solamente te calman a ti, que calman tu conciencia; pero a mí la jugada no me sale tan bien, a mí me duele, mis sonrisas son siempre torcidas. Yo soy el País de la Lluvia, tú lo sabías, lo sabes; yo lo sé. Tú ves este mundo acuático de una forma diferente. Eres una turista, siempre lo fuiste, aunque lleves aquí diez años. Pero para mí este lugar es mi hábitat, y no puedes pedirme que no me duela. No le puedes pedir a Galicia que no llueva.

 

Lee la Intro de los Cuentos Leves.

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