Cuentos leves – IV

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Ese hijo de puta se ha largado y me ha dejado aquí sola, vagando por la alfombra del salón con su extraña geografía perdida. Aún no sé por qué coño se ha enfadado, pero fuese lo que fuese no era tanto como para arrojar toda la coca por la alfombra. Si al menos un rato antes no hubiésemos roto la maceta de la caléndula, jugando a lanzárnosla por el aire… ahora hay un montón de coca y tierra mezcladas en una alfombra ya de por sí llena de mierda. Joder, cómo me apetece un tiro. Este cabrón se ha ido, ¿cómo voy a hacer para separar la coca de la tierra? Necesito ese opio, mi tesoro. Me siento presa de mi desesperación, me doy cuenta de que estoy medio desnuda. Joder, y también que me he meado encima y tengo las bragas empapadas y hediondas. Así que esa mezcla de cocaína y tierra también está empapada con mi orina. Mierda, mierda, mierda. Afuera amanece en la ciudad. Domingo. Menuda puta mierda, suelto, sin fuerza. Pero no hay nadie más aquí.

 

Lee los demás Cuentos leves aquí.

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