También esto pasará, de Milena Busquets

Maquetación 1

También esto pasará, de Milena Busquets.

 

¿Qué convierte a una novela en un gran éxito editorial?

También esto pasará, de Milena Busquets, ha sido uno de los grandes pepinazos editoriales de 2015, y después de habérmela leído, la pregunta aletea en mi cabeza, intentando encontrar una respuesta que explique esos más de 50.000 ejemplares vendidos. Con esto no pongo en duda la altura literaria de la novela, que la tiene, sino los motivos mercadotécnicos que la han convertido en tendencia: “Un tsunami literario que está sorprendiendo a todo el mundo”. También es cierto que, como dice Juan Tallón en una de sus columnas: “La unanimidad a la hora de reconocer la perfección es una fuente de hastío; una fuente casi perfecta”.

La historia se abre y se cierra en un cementerio. La madre de la protagonista ha muerto, y habiendo sido el centro gravitacional de toda la familia, especialmente de su hija, la novela es un ejercicio de gestión del dolor, y de todo lo que rodea una muerte de esas características: ausencia, soledad, victimismo, y de algún modo, esperanza. Esta madre de la que hablamos es, a la sazón, la escritora y editora Esther Tusquets, y Milena Busquets transforma sus vivencias personales, y la complicada relación que las unía (¿qué relación paterno-filial no es complicada?), en el motor que hilvana un relato cuyos protagonistas forman parte de un sector muy concreto de la sociedad barcelonesa de las últimas décadas: ropa de marca, intelectualidad, izquierdismo bien llevado, veranos en Cadaqués. Afortunadamente, ese aroma a pijo lo mata (casi) el tono decididamente agridulce de la novela, que refresca la historia como la llegada del atardecer en esas sofocantes noches de verano. Acierta también la autora al huir de catarsis y sentimentalismos excesivos y de culebrón, mostrando en cambio la frivolidad de unas vidas que, para muchos, resultan completamente ajenas. En tiempos de facturas de la luz no pagadas, desahucios y dramas similares, las tribulaciones de la protagonista pueden llegar a parecer vacías e incluso insultantes. Pero esa es harina de otro costal.

Es verdad que la prosa de También esto pasará no pasará, precisamente, a la historia, y no creo que sea tampoco la responsable de su éxito editorial. Resulta ágil y muy adecuada para transmitir las sensaciones que suceden a la muerte de una de esas personas capitales que, independientemente de la clase social, existen en cada familia. Nostalgia y pena, sumada a los indicadores de que uno ha alargado la veintena demasiados años hasta casi convertirse en una caricatura. El paraíso perdido. ¿Cojea aquí la novela? Quizá. Demasiadas entradas y salidas de personajes espléndidos: amigas estupendas y mordaces sin escapar de lo tierno, hijos que parecen salidos de un catálogo de El Corte Inglés, exmaridos radicalmente modernos. Todos con mucha pasta, dedicando sus vidas a pasatiempos maravillosos y declamando continuamente las ganas locas que tienen de vivir. Y no niego que todo esto no responda a una realidad. Sólo que resulta tan ajena que desconecta.

Sin duda, en mi opinión, lo mejor de También esto pasará es que muchos de los conflictos planteados no se resuelven, si acaso ni siquiera parcialmente, y eso es precisamente lo que la acerca a la realidad más humana, disminuyendo ese desagradable abismo entre clases. Porque, a fin de cuentas, el ser humano procesa la muerte de formas similares, sin importar el saldo de la cuenta corriente.

La muerte nos une a todos.

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