Cuentos leves – VII

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Al terminar mi graduado, todo había empezado a deslucirse y perder sentido. Escéptico por naturaleza, empecé a tener la impresión de que todo formaba parte de un timo colosal. Como una broma infinita (FW dixit). Mi naturaleza de testarudo me hizo seguir, profundizar un poco más. Por si el sentido se me había escapado pero aún existiese en algún lugar. También quería eliminar la posibilidad de que los demás se riesen de mí. Fue así cómo me convertí en investigador, pero el sentido que buscaba no apareció jamás, y acabé por decir Basta. Y ahora, aquí estoy, despechado, borrando las viejas fórmulas estadísticas, los obtusos esquemas de reacciones químicas. Consciente por primera vez en mi vida de que todo es una gran idiotez, una bobada newtoniana y cartesiana, mecanicismo puro, el fútil intento del ser humano por dominar a un universo incontrolable. Ahora sé que la vida es una emanación cierta y de puro azar, emulsiones que brotan de una base que es el sustrato mismo de la realidad. Y toda esa separación que los científicos buscan es, en realidad, unidad. Lo que me pregunto, estos días, es si alguien más lo sabe, y si es así, por qué no ha dicho nada…

 

Lee los demás Cuentos leves aquí.

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