Cuentos leves – XII

12

Aire caliente. El tacto rugoso de la piedra en mi trasero. Ahora, un poco de brisa que agita las plantas y mueve dulcemente las hojas de mi libro. Mi corazón en su inalterable viaje de cien mil latidos hacia el infinito. Preguntas sutilmente vagas en mi mente, removiéndose a fuego lento. ¿Tienen corazón las plantas? ¿Qué ve ese mirlo cuando me mira? ¿Cuál es el objetivo en la vida de ese pequeño escarabajo que escala el tallo de mi cilantro? Los ruidos de la calle. Un coche, otro coche, una furgoneta desvencijada. Dos madres que hablan entre susurros. El río trémulo e indiferente a los asuntos humanos. Un perro que ladra. Aire caliente, de nuevo, y un rumor en mi vientre. Y la sombra, mi sombra, todas las sombras del mundo concentradas en una sola.

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