Todos lúcidos: Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago

Quizá resulte algo oportunista, pero tras las elecciones del pasado día 26, el libro que se me vino a la cabeza para reseñar en mi columna del sábado en El Herald Post, es una novelita del gran maestro José Saramago: Ensayo sobre la lucidez. En ella, el premio Nobel portugués, uno de mis autores favoritos, lo reconozco, plantea una situación anómala: una gran mayoría de habitantes de una gran ciudad decide ejercer su voto… en blanco. Y ante tan colosal porcentaje, el sistema se tambalea y empieza a mostrar sus demonios de la forma más cruda y absurda.

¿Cómo se interpretaría tal fenómeno por parte de la clase política de cualquier país europeo, occidental? El voto en blanco es ignorado en todas las elecciones (ni se ofrecen porcentajes, las más de las veces), y se ignoran mucho más esas voces que, no sin cierta inocencia, reclaman que lo justo sería que un buen número de escaños se quedasen vacíos en exacta proporción al voto en blanco. Análisis políticos aparte, para los que ni soy ni quiero ser experto, la novela de Saramago evalúa la posibilidad de que la población, harta de la desconexión entre política y realidad, decida darle un buen golpe al sistema. Y este, tembloroso como un animal acorralado, reacciona de la única forma que sabe: buscando culpables. Como si tal situación hubiera de observarse bajo el prisma de una conspiración y no bajo la libertad del pueblo para sancionar tus errores. El argumento de Saramago empodera, reconociendo que aún existen herramientas con las que castigar a la clase política, que ignora una y otra vez las necesidades del pueblo. Como decía el escritor portugués, una voz pre-clara en el siglo XX: “Podemos quitar a un gobierno y poner a otro en su lugar, pero no podemos hacer otra cosa. El poder real está en otro lado. Fundamentalmente, en el poder económico, que como todos sabemos no es democrático”. La nuestra es, por tanto, una democracia degradada. O ni siquiera una democracia, dependiendo de a quien le preguntemos.

La trama se guía a través de la mujer protagonista del Ensayo sobre la ceguera, y también de un inspector de policía y un miembro del gobierno regente. Los tres nos conducen a través de escenas en donde se alterna la calma con que las gentes de la ciudad se toman la situación, en brutal contraparte a los nervios casi histéricos de la clase política. Y nada queda lejos de la pluma del autor: la corrupción de los políticos, la falta de libertades del ciudadano de a pie, la manipulación de los medios de comunicación, la utilización de la fuerza cuando la inteligencia del poder se demuestra ausente,… todos los personajes de esta novela, de nuestra realidad, quedan retratados crudamente en su deshumanización. ¿Nos suena? Y, a todo esto, no renuncia Saramago a su estilo tan personal, como de fábula, en un texto compacto, en el cual, como en otras obras suyas, el diálogo va inserto en la propia narración y la abstracción nos envuelve como una mano rugosa.

Aviso para navegantes: Ensayo sobre la lucidez es una novela política, de las que no dejan indiferente, una fábula intencionadamente incorrecta y hecha para remover nuestras conciencias aletargadas. Ya lo dijo su autor, en la presentación de la novela: “Este libro va a causar una polémica del demonio. Si no, es que las personas están tan adormecidas que cuestionar la democracia no es algo que las afecte”.

Pues eso. ¡Feliz martes!

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