Anatomía de un fracaso (parte I)

Me cuenta la RAE (¿qué haríamos sin ella, por dios?) que fracasar es un resultado adverso (1), un suceso lastimoso (2), una caída con estrépito (3) o, en el campo de la medicina, una disfunción brusca (4). De quedarme, creo que en este caso me quedo con la (1): un resultado adverso en relación a un trabajo que, en este caso, no ha logrado llamar la atención de ninguna de las editoriales a donde lo he enviado. Un año y medio después de terminar la intensiva revisión de Hverfisgata 49 (léase como cuerfisgata), todas mis tentativas han fracasado sin estrépito, casi silenciosamente. Es cierto que los destinos han sido los más habituales, ni mucho menos todos, sino pequeñas editoriales que como oasis en el desierto me iba encontrando en artículos de revistas, periódicos, referencias, etc: lugares especiales en donde me imaginaba esta historia destilada del diario que llevé en mi primera estancia en Islandia, y que tomaba la anécdota y lo cotidiano para hablar de lo universal. De la vida, supongo. Con la potencia de la voz directa, de la honestidad, traté con cierto éxito de transmitir la realidad de una experiencia colosal. El ejercicio fue atrevido, usando un lenguaje que es todo desparpajo y aún así con sus pretensiones estéticas. Los pequeños textos que alumbraron de cada día de los que pasé en Islandia resultan así como disparos rápidos. A la obra le ha perjudicado, y de ello estoy seguro, el difícil encaje en cualquier género. Estrictamente hablando, no es un diario ni un conjunto de micros ni un libro de viajes, aunque tiene un poquito de todos ellos, puesto que habla de un viaje, algunas historias parecen pura ficción, y nacen de la pureza de un diario. La presenté, siempre, como un anecdotario, y supongo que ni el término ni la lectura de las primeras páginas llamaron la atención de nadie. El fracaso no me convence de que no sea publicable, y ni qué decir tiene que hay por ahí mierdas mucho peor escritas, pero eso suena a excusa, y algo habré hecho mal para que no haya encontrado la luz. O quizá es que, simplemente, aún no se ha tropezado con los ojos adecuados. Y aunque este texto se llama Anatomía de un fracaso, ahora voy a ejercer de hipócrita para enumerar las razones por las que creo que Hverfisgata 49 no podría ser, nunca, un fracaso. La primera de ellas, quizá la más importante, es que estoy aquí de nuevo, en un lugar mágico en donde siempre me gusta decir que las cosas suceden y se salen del plano de posibilidades. También me siento orgulloso de presentar un texto que ha sido revisado tantas veces (casi) como días pasé en Islandia. Este dato, de boca de un impaciente empedernido como yo, es revelador. Considero una cualidad, por cierto, su oda a lo cotidiano, tan de moda en estos tiempos.  Y, en resumen, no es un fracaso porque en esta época de inmensa oferta y contenida demanda, no encontrar una editorial que disponga de tiempo en los siguientes 20 años para leer tu fragmento de obra, es más una cuestión de suerte, o contacto, que de la calidad de lo escrito.

Y todo este párrafo para revelar que aunque no considero haber fracasado en absoluto, he decidido poner final a la búsqueda, y con toda la pompa que wordpress me permite, revelar que autopublicaré Hverfisgata 49 en alguna plataforma de mi gusto (seguramente Bubok, con la que ya tengo alguna experiencia). Los motivos se pueden deducir del párrafo anterior. Me he cansado de esperar una respuesta positiva (y también negativa, la verdad), y es un texto demasiado especial como para tenerlo guardado en una carpeta de ordenador. No me quiero hacer responsable de una injusticia así. Supongo que el precio será lo más asequible posible, el mínimo que me permita establecer la plataforma, y aunque no lo he decidido todavía, huiré del formato electrónico porque, para qué ser deshonesto, me parece una mierda pinchada en un palo, aunque como emigrante me vea conducido a mi kindle como un pobre alcohólico al cartón de Don Simón.

Así, en la segunda parte de este post, dentro de unas semanas, proporcionaré toda la información necesaria (en realidad, sólo un link), para que os hagáis con un ejemplar, o con 100, y así podáis leer mis intimidades y las de todos los que me rodearon en ese 2014 tan gozoso que pasé en la tierra de ceniza, hielo y fuego.

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Un comentario en “Anatomía de un fracaso (parte I)

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