Cuentos leves XXIII

23

La nada

¿Quién me iba a decir a mí que el infierno era la nada,

que el infierno era una sala de luz blanca en donde no hay absolutamente nada,

nada de nada,

la nada más enorme,

la puta nada?

Un lugar en donde no huele a nada

ni tengo ni hambre ni frío ni sed ni ganas de orinar ni de follar ni se escucha nada,

ni siquiera los latidos de mi propio corazón,

sólo el horror, la nada, la puta nada,

uno está sumido en esta nada que es el infierno

con la única compañía de los pensamientos y de este Gran Tedio Eterno,

de toda la fractalidad del universo desperdiciada en una nada,

un vacío,

un lugar en donde ni siquiera hay un arbusto que dé sombra.

Ni llamas para arder.

Lee los demás Cuentos leves aquí.

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