Cuentos leves XXIV

24

No me fío de las citas, pienso, mientras le doy un sorbo al vermut. Los cuarenta son la edad madura de la juventud, decía Víctor Hugo. Yo tengo cuarenta y tres, y una puta mierda para el francés. La gente joven está convencida de que posee la verdad, Jaume Perich. Otra tontería más. De joven no sabes nada. Pasan a mi lado un montón de chavales, cerca de aquí hay un instituto. Piercings, medias apretadas, cabezas medio rapadas, escotes y muchas tetas y culos ceñidos, carpetas, falsos aires punk, o hípster, también ñoñería a raudales. La juventud no es un tiempo de la vida, es un estado del espíritu. Mateo Alemán, tienes toda la razón. Eso explica por qué me siento un maldito viejo, será que mi espíritu es viejo, o algo así, ¿no? Pero realmente me gustaría sentirme joven, ¿cómo se hace eso? Lowell decía que La juventud es un defecto del que nos curamos demasiado pronto. Qué rápido nos olvidamos de ser jóvenes, entonces, hum. Veo pasar a una pareja de mujeres de la mano, una le hace arrumacos a la otra. Sólo usar la palabra arrumacos ya me envejece, creo. Doy otro sorbo al vermut. Hay tantas cosas que no entiendo. Lleva tiempo llegar a ser joven, decía Picasso. Va a ser eso, que aún no me llegó la hora.

 

Lee los demás Cuentos leves aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s