Cuentos leves XXVI

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Recuerdo la genética grabada sobre la pared. Aquel fue un agosto tórrido, años antes de nos conociésemos, y yo grababa con lápiz esquemas de genes y cromosomas y reacciones y procesos en la pared, preparando el examen de septiembre que acabaría suspendiendo igualmente (doloroso tiempo perdido). Una década más tarde, tú y yo ya vivíamos en esta misma casa, de prestado, tratando de tener una vida de pareja que se fue a la mierda precisamente por la genética. Esa misma que hizo que tú y yo fuésemos incompatibles y que todos nuestros intentos por tener hijos desembocasen en desgarradores abortos. La genética nos arruinó la vida, nos separó, nos mutiló. A ti te llevó a un mundo en donde me culpabas de tener el esperma débil, a mí a este mundo de desesperanza, con varios intentos de suicidio también abortados por una cosa o por la otra, a un miedo constante a que la genética vuelva a por mí de alguna forma cruel y absurda.

 

Lee los demás Cuentos leves aquí.

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