Cuentos leves – XXIX

29

Luces y sombras, no veo más que luces y sombras. Hace ya tiempo que rebasé el límite, y la irreversible degeneración macular de mis ojos es similar a la de un hombre de trescientos años de edad. Un deterioro imparable pero que me importa menos de lo que habría esperado. Lo peor es sentir la compasión de los demás y el modo en que intentan aplacar sus propias inseguridades y miedos. Me atosigan continuamente, y por eso intento escaparme de vez en cuando. Los médicos me han prevenido al respecto, me han dicho que mientras la oscuridad no sea total debería ir a las sesiones de rehabilitación (en este caso, ¿no sería pre-habilitación?), para así aprender a moverme cuando esté completamente ciego. Pretenden, menuda chorrada, que malgaste las últimas horas en que veo metido en una puta habitación, en lugar de disfrutar de este espectáculo de luces y sombras. Porque esto que veo es un teatro maravilloso e incomparable. Recorro los lugares que siempre me han gustado apreciando el modo en que cambian cada día a medida que mis células maculares se mueren. Los atardeceres son tan bellos e irrepetibles… De una belleza tal que hace que casi merezca la pena quedarse ciego.

 

Lee los demás Cuentos leves aquí.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s