Sangre beat – Luz

La habitación desnuda es un cosmos indescifrable. Eléctrico. Centelleante. Nada cubre las paredes, sólo una estantería algo torcida con incienso que arde consumiéndose lentamente en un ocaso que es dorado. El aroma flota en el vacío. La luz muere en las ventanas marcadas por motas de polvo, y dibuja sobre el suelo de madera barata y sobre una de las paredes una coreografía de fotones enamorados ansiosos desbocados. Ante el escritorio, Allen cuasi inmóvil sobre un grueso tomo con las pastas rezumando polvo milenario y una lamparita pequeña que escupe un inútil círculo de luz sobre las hojas. Sus ojos tras las gafas de pasta negra trazan líneas invisibles. Me fijo en su calvicie, que avanza como Hitler sobre Varsovia, en los restos de su pelo rizado cayendo sobre los hombros como si huyesen de algo. Un lunar. Sus labios finos moviéndose y murmurando, de pronto, Si, si, si, si, para luego apuntar algo en su libreta de notas. Yo estoy tirado en el suelo, demasiado colocado por la marihuana como para someterme al tormento de la verticalidad, Jack a mi lado con su camisa de cuadros rojos y negros, la que él llama camisa de viajar, y su cara lisa y ancha de bonachón enamorado. Está hablando de algo pero su voz no es más que un rumor incesante. Es como un río, sale de sus pulmones gigantescos con el humo, y sus ojos brillan aferrados a un pulso de bencedrina, o de morfina, o alguna de esas sustancias transparentes cristalinas que aceleran su corazón. Jack mueve las manos, baila a veces y se contonea tirado en el suelo y habla y habla como una marioneta del cosmos, y me dice, Y entonces ella se movió, bum, bum, cómo bailaba mientras Davis lanzaba su grandiosa trompeta hacia la muerte, a la batalla como si fuese Napoleón. Jack se echa a reír y sigue, Era un gran coro celestial, una locura, qué pasada, entiendes, sabes, bum, bum, ella era un auténtico ser de luz ahí plantado con sus ojitos pequeños y brillantes, casi cerrados, y sus hombros adelante y atrás, su cadera, depósito de, de, de,… ¡de la auténtica vagina del mundo! Y así sigue, mientras yo me siento como en un sueño, como si no pudiese ser que esté aquí aunque de hecho es obvio que lo estoy. Jack solamente se calla cuando le paso el cigarro o la garrafa que descansa en el suelo, con nosotros, el resto del tiempo habla y habla sin parar, con una cadencia apresurada, como un río de costa a costa, así, exactamente así, y la historia de esta tarde que no pasa pero pasa es esa, Allen traduciendo los poemas de algún chino muerto hace siglos, y Jack sin parar de barbotar, sincopadas sus palabras con el whisky y la marihuana, fumamos, bebemos, fumamos, hablamos, y los minutos se van transformando en largos días de cielos limpios infinitos, los minutos se van transformando en gotas de resina que resbalan con lentitud casi geológica por el tronco de un árbol que las vio nacer, los minutos… y de pronto Allen vuelve a la vida, nos encara tras un largo rato y con la luz del atardecer irisando los cristales de sus gafas y su cara, aclara la voz y hasta Jack se queda callado porque parece que es un momento crucial para la vida de nosotros tres, y me doy cuenta de que sí que lo es, y entonces entona con su voz preciosa: My mind´s the autumn moon / shining in the blue-green pool / reflecting glistening, clear and pure / There´s nothing to compare it to / what else can I say? Su voz y los versos y las palabras sueltas flotando en el aire casi sólidas, Jack con sus ojos cerrados y extasiado en alguna dimensión paralela, diría yo que incluso algo mareado, y pasan unos segundos hasta que Allen dice, Es increíble, y yo respondo algo mareado, ¿Quién es?, y él dice, Un poeta llamado Han Shan, y Jack abre los ojos de pronto como si hubiese sonado un gran GONG en la faz de la Tierra, se pone de pie, Si, si, si, la mente en la Luna de otoño, todo es siempre claro y puro pero el pensamiento todo lo arruina, siempre, siempre, el pensamiento es un jodido demonio occidental, los chinos lo sabían, hace miles de años, y Allen está riéndose mientras ve a Jack así de eufórico, emocionado, y yo también, creo que ambos admiramos esa capacidad que tiene, un hombre algo desgarbado, caminante de caminos y trenes y bares y moteles y arenales en medio de los ríos, esa capacidad de emocionarse e inspirarse, como un poema desenrollado, como un cuento liberado, dos palabras elegantemente unidas por un nexo invisible como la incertidumbre une dos electrones cualesquiera que un día se rozaron y estuvieron durmiendo juntos. Es lo que quiero ser, pienso, pero en el fondo sé que no soy lo mismo ni lo puedo ser, que necesito buscar otro camino, el mío, aunque allí dentro de aquella cabaña, siento palpito lato más vivo que nunca, vivo dentro de mí y extendiéndome hacia afuera como una flor de loto que nace entre la inmundicia. Allen, de pronto pálido, se va girando lentamente como un tiovivo algo estropeado, y vuelve a concentrarse sobre sus papeles, ignorando al ángel inconsciente que baila y se encabrita al ritmo de las palabras caídas desde Oriente, al ritmo del whisky, y ahora el ocaso va alcanzando su cénit y entrecierro los ojos aún tirado en el suelo y el ámbar dorado seminífero me inunda, siento una calidez y un soltarse algo en mi vientre, algo que cae, de pronto soy ligero como una nube y mis pulmones se expanden como si algo los hubiese estado presionando durante un largo tiempo, finalmente liberados de un abrazo alquitranado y denso. Ese es mi corazón que vibra alegre, palpita, palpita, palpita, Jack se está tirando al suelo y yo abro los ojos, de pronto distraído de mí mismo, está bebiendo un poco más, es como un pozo sin fondo, y su aliento rancio y dulzón anega el aire, me chista y va diciéndome, Tú y yo tenemos que agarrar un coche y largarnos a México, verás qué mujeres, las más bonitas de la Tierra, te digo, y esos caminos de polvo, las haciendas de guerrilleros con bellas esposas y niños de ojos brillantes, palmeras y mucha carne llena de vida, qué carne tan rica, y luego Honduras, Costa Rica, Belice, ¡todo Latinoamérica!, y ahora está gritando como un auténtico loco mientras Allen sigue tomando notas, ahora casi como desesperado, y de pronto se da la vuelta, y aunque Jack está gritando, susurra con una voz emotiva y suave, Living on Cold Mountain, I got free of the world / Not even a mantra hung on my heart / Maybe a line of a poem might get scribbled on a rock wall / Me, drifting home, like the unmoored boat, y mi cabeza empieza a girar y me mareo con cada nuevo giro pero me dejo ir porque mi vida y su control y la realidad y todo lo que soy se está acelerando y condensando en el centro del vórtice, me vuelvo cristalino, atravesado por la luz de mí mismo, todo es claridad, no hay ni caos ni negro ni desequilibrio ni nada de nada, estoy simple y llanamente pleno y en paz y presente en el momento y por eso me pongo a gritar, grito tirado en el suelo girando sobre mí mismo y Allen se echa a reír con grandes carcajadas abiertas, risa de buda sabio, y él y Jack se abrazan en la habitación en un instante de fraternidad infinita, como si celebrasen algo, y la luz y yo mismo, todo se convierte en un caleidoscopio de luz.

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