Gattacas mentales

La (arquetípica) imagen de un cohete recortado sobre un cielo azul-cian. La estela del humo hacia tierra, en diagonal por aquello del punto de fuga.

gattaca1

Esa imagen, o la imagen de esa imagen, me persigue desde que vi Gattaca (año 97). Es una representación insuperable de la fantasía y la esperanza. Con los pies clavados en la tierra, a veces incluso bajo ella, ese cohete representa la huida. Esa misma que cantaban Piratas (mirando al techo fijamente, podría sustraerme, y separarme de este mundo, en un impulso, como en un cuento separando, la gravedad del centro, recorriendo sin movernos, el universo). Eran los tiempos mozos de una Uma Thurman casi alienígena. Por entonces, hasta Placebo eran un grupazo (mención a Slave to the wage). La batalla entre hermanos relatada por la película (uno de ellos era un también jovencísimo Ethan Hawke), el uno válido, el otro inválido, es otra perla intemporal del lugar que uno ocupa en el mundo, y, sobre todo, la pelea contra expectativas, obstáculos, lastres y pulsiones. Pasado el tiempo, creo que Gattaca, además de un clásico, es pura metáfora cristalizada: los cielos y los infiernos de uno mismo. Ese par de hermanos, en realidad, no era más que uno solo. La esencia metafórica de la película no excluye sus aires proféticos. Hoy, poco más de veinte años más tarde, ya hay quien diseña a sus hijos (¿ojos azules o verdes, cariño?), y otros dicen que probablemente ya haya clones humanos caminando entre nosotros (junto con anunakis y otras especies extraterrestres). Entre esa ralea vivimos los demás humanos, corrientes y, muchos, anclados en un estado mental que yo llamo de follados-entre-primos. Supongo que, volviendo al tema, que no sé muy bien cuál es, que toda creación humana habla de libertad, de albedrío o de premeditación cosmológica (que se lo digan a Interestellar). ¿Pudiera ser que haya alguien empeñado en ponernos la zancadilla? ¿O un peso en la cabeza, que nos impida volar? Muy rebuscado. ¿No será, más bien, que ese alguien seamos nosotros mismos?

Aquel cohete, el que llevaba al inválido personaje representado por Hawke a las estrellas, no se me saca de la cabeza nunca porque me habla de todo lo que podemos y no podemos hacer, más allá de conspiraciones, de ricos y pobres, de salud y enfermedad. De dolor, que al fin y al cabo está en todas partes. Aquel cohete, en fin, me habla de que hay una mano que habita en nosotros mismos, y que somos capaces casi de todo si tomamos control de ella y la alzamos.

Hacia el cielo.

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