La corona entre las manos (Manuel Vilas)

[…]

Puedes mirar mi cuerpo entonces

como quien mira una dársena

antigua y vacía,

puedes erguirte contra mi vida

y su intemperie por mí abrazada,

puedes alcanzar mi cuello en penumbra

con la afilada espada de la juventud perdida.

Me siento vencido, en este palacio

donde el mar me tirará al suelo

como a soldado solitario que defiende

este bajel en llamas a modo de su propia vida,

soldado ebrio de días manchados por la muerte,

a solas ve partir las ilusiones,

mientras sus sueños se anegan

en resplandores difusos que el sol disuelve.

Ebrio de sí mismo, como demonio en el azul del cielo,

ebrio de enemistades con dioses y hombres,

cubierto por las llamas,

lentamente su cuerpo desciende

con la corona entre las manos.

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