El inédito Tercer Reich, de Roberto Bolaño

Rompí mi (auto) promesa de leer únicamente un libro de Roberto Bolaño al año, para que así su obra ya finiquitada me durase un poco más. Economía de guerra para amantes de escritores muertos. Después de devorar las dos obras fundamentales de Bolaño, Los detectives salvajes y 2666, y sumarle el breve Nocturno de Chile, dije eso de Puedo prometer y prometo, pero fracasé con El Tercer Reich, la obra que hoy reseño.

Por cierto que embarcarse en hablar de la vida de Bolaño no merece la pena: habita en cientos, sino miles, de artículos de periódico, revistas, libros, exposiciones, documentales. De vez en cuando, sin embargo, descubro con placer de voyeur algún detalle más o menos bizarro de su vida, en este caso, su obsesiva afición por los juegos de guerra (wargames), especialmente aquellos cuya temática giraba alrededor de la II GM, de la que el chileno era, según dice, todo un erudito. Viene a cuento, porque El Tercer Reich está protagonizado por un jugador de este tipo de juegos, Udo Berger, que va de vacaciones a un pueblo de la Costa Brava acompañado por su novia. Bolaño lo usa para, en forma de diario y primera persona, contarnos el modo en que la oscuridad se va adueñando de la realidad hasta convertirla en horror, un horror sutil que, a falta de mejores palabras, diría que es muy similar a ese tipo de escalofrío desagradable que acosa a un cuerpo caliente y cubierto de sudor. Udo Berger y su novia, más otra pareja de alemanes, se suman al estático ambiente de un espacio vacacional habitado por los misteriosos habitantes del pueblo: el Cordero, el Lobo, y el Quemado, el más extraño y peligrosos de ellos. Este conjunto es un paisaje que Bolaño dibuja como si fuera un estado mental, y que se degrada con cada página. Haciendo de El Tercer Reich, en cierto modo, una historia de degeneración, de degradación. Una historia sobre el mal.

A pesar de todas sus virtudes, mi sensación al terminar El Tercer Reich es agridulce, como me pasó con Nocturno de chile. Ambas son novelas notables, pero la sombra de Los detectives salvajes y 2666 es demasiado honda y alargada. Me pasa, también, que El Tercer Reich es una novela recuperada tras la muerte del autor chileno, y soy bastante crítico con este tipo de rescates literarios, que en muchos casos tienen un fundamento económico y no literario. Por eso opino que es injusto para la memoria de un escritor que sus descendientes recuperen textos que ellos mismos aún no habían decidido sacar a la luz.

Pero ese es otro debate. Para el que me ocupa, El Tercer Reich es una (otra) buena novela de Bolaño, con el estilo bolañesco aún algo tímido e inestable pero sobradamente reconocible, y que, más que leerse, se te consume entre las manos.

Y, ahora sí, Puedo prometer y prometo que esta SÍ es la última de Bolaño del 2016.

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Un comentario en “El inédito Tercer Reich, de Roberto Bolaño

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