Historias de una válvula – Prólogo

La válvula mitral (a la que algunos llaman bicúspide) es la encargada de impedir que la sangre vuelva del ventrículo izquierdo a la aurícula izquierda, y está formada por dos membranas, armadas con tendones que se anclan a músculos anexos. Cuando estas dos membranas no encajan perfectamente, a eso se le llama prolapso de la válvula mitral.

Del latín prolapsus: deslizamiento o caída hacia delante.

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Para entendernos, escribir simplemente esto me da escalofríos. O quizá es que la ventana está abierta y afuera amanece a seis grados. No sé.

El prolapso de la válvula mitral es una condición mayormente inofensiva. En general, casi asintomática. A veces, hereditaria. En todo caso, una nimiedad en términos clínicos. Eso no es nada, me dijo una vez una médica, quitándole importancia con un gesto.

Tenía razón. Y al mismo tiempo, estaba equivocada.

Hace tiempo que mi válvula y yo peleamos por sincronizarnos. Y llegar a un acuerdo. Buscar una simetría, que los reflejos se igualen. Tampoco es cosa de decir que nos llevamos mal. Convivimos como una pareja más o menos bien avenida, con un 99% de paz y episódicos estallidos de furia. Compartimos muchos gustos, y también miedos.

E historias.

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