Viaje a Portugal – Día 8 (y fin)

día 8: Lisboa – Vigo

                Chocolate

                Ese ciego apura más que nadie, mientras un chiquillo lee el puto juego de tronos

                De nuevo té de mierda, bollería industrial

                ¿es ya hora de revisionar Lost?

                               ¿y de volar?

                Mi mano rueda sobre las postales

                La de corcho es la más difícil

                En el ALFA, que es un misil

                Alex duerme, en la primera curva

                Atrás la misteriosa Lisboa

                Y entre las industrias, los muertos, Walden y el fuego

                Los peces saltan al aire, nadan en él, se ahogan

                Me gustan todas esas cosas que de pronto son obvias y antes no lo eran

                Me gustan esos campos secos, y el calor

                Las ruinas: de fábricas, de personas, de casas

                En hipnótica sucesión

                Desandar todo ese camino acompañados de Kristen

                Que es melancólica, pose inconsciente, voz inaudible

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                Quizá se esconde los ojos

                Los muslos, las tetas, las ideas

                Ella es, a veces, pura desesperación, pura alegría

                Aferrada a sus guasaps, un Sunset mental

                Me acompaña ella, o la pelirroja dormida

                O el hombre que bosteza todo el tiempo

                O el que baja la persiana y duerme

                O el que lee periódico tras periódico

                Son amigos aunque no lo sepan

                Mientras las colinas pasan, también Walden

                Me palpita la fertilidad, el sexo, la pérdida

                Son como arena

                Viajar es caminar, y besar

                Es besar sin pintalabios

                Negándole al plástico nuetras libertad

                Sí, me duermo

                Luego, recetas de cocina en la tele, son berenjenas renales y espinacas de hueso

                Cuesta entender que el talento de Portugal sean Cristiano, y Mou

                Pero quizá Saramago ya habló de eso tiempo atrás

                En la paradiña de Coímbra, una mujer abanica a un hombre que parece morirse y está morado

                Pienso en la montaña de basura de Beijing mientras Kristen se va

                Corremos a 222, cortamos el aire

                Y tengo miedo de morir, de destrozarme en unas vías

                Vemos en Aveiro una playa infinita, repetida, un mar gris

                El mundo se salpica de espuma y arbustos

                Mientras llegamos a Oporto

Alex se come una francesinha en un bar frente a la estación de Campanha, mientras busco unos Correios donde enviar las postales. Pero lo encuentro tarde y está cerrado. En el centro, renfe.com  se ha colgado y no podemos comprar los billetes. El cajero se parece a Federer, miro si detrás tiene una raqueta.

Respiramos finalmente en la Mercearía das Flores, mi rincón de la ciudad, un lugar que es un remanso de paz. Con su madera clara de alcornoque, sus productos exclusivos y ecológicos y locales, de las islas, ensaladas riquísimas y cerveza artesana, Sandino. Todos en silencio mientras Norah canta y los camareros se mueven como fantasmas amables. El té, delicioso. Al fin. Chocolates para la abuela, que le gusta el dulce. Y pan con aceitunas.

Acabo entregando las postales en un Corrios da praça da Liberdade, en una cola corta pero eterna. Me pregunto si los destinatarios son, en su mayoría, destinatarias.

En el Bohlao sucio, con las aceitunas, vemos a lo lejos el Colisseum donde me vi solo a Bon Iver, y también a Sigur Rós. Oporto es mi ciudad de la soledad, me enamoré de ella viviendo sobre mis pasos y sus adoquines, me enamoré de sus grafitis y sus calles sucias y sus hombres con escopetas y las gentes y las francesinhas que siempre veo comer a los demás y su olor y sus libros, y todo eso lo voy reviviendo mientras Alex lo mira, en cambio, con ojos nuevos.

En la Ribeira, me tomo una coca-cola aunque me tomaría un vino. Una mujer sonríe.

Quiero irme ya. Tendales y colores, puentes de hierro, el Douro, resplandeciente. Las comunicaciones muertas de las almas cautivas, el cáncer. Quiero irme ya.

                En Sao Bento, vino verde y esperar

                La bronca entre una mujer indignada y una yonqui descarada

                La realidad descarnada

                Animada por la música de trenes que van y vienen

                Es la vida moderna

                Luego, un tren destartalado nos conduce a la frontera

                Allí donde caballos imaginados beben aguas dulces y saladas

                El Minho, el Miño, dos ríos y una frontera

                Pueblos, juncos, el brillo de las estrellas, el atardecer

                Atrás quedaron las montañas negras, A night to still

                Llegan Galicia y sus setenta y nueve estrellas

                En Vigo, el hechizo se rompe

                Es un clic

                El vacío soy yo, el vacío es un paraíso

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En Portugal, el sol y su luz me dibujaron en la frente un tercer ojo

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