Adoquines (las calles en las que viví) – XII

Campo da Torre 6 (IV)

Lo que esperaba al volver, quién lo sabe. Tenía mis fantasías. Mejorar algunas relaciones estropeadas. Desarrollar interesantes ejercicios de honestidad. Escribir cosas, aprender otras que llevaba tiempo postergando. Lo que finalmente aprendí se puede resumir en un: ignorar las consecuencias de los propios actos, ese es el infierno. De mi cuarta etapa en casa no salvo nada. Ni las penurias ni las enfermedades ni el desempleo ni la falta de iniciativas. Un entusiasta desilusionado. Sería grandioso que esas penurias fuesen propias,

singulares, novelizables, pero son comunes a tantos seres humanos, que su relato sería tópico. Me pilló bien follado la crisis de los 31. ¿Aprendí? Supongo. Fui mucho a la playa de la Lanzada, mi playa de infancia y de siempre, observaba el horizonte y deseaba estar allí, en ese borde mágico en donde el mundo se acaba y uno cae al vacío de un universo plano. Fui a una boda, la de mi amigo Óscar, al que yo llamo Cruz desde siempre por culpa de un profesor que se llamaba como yo, Ernesto, tiene guasa. También escribí una novela relatando mis miserias pero envueltas en detallitos de ellos, de mis amigos, una novela sobre las canciones que uno no quiere escuchar jamás. Ellos estaban pegados a mí, especialmente cuando vinieron maduras, y eso es algo, la mierda huele menos si el tufo se reparte entre varias narices: cafés interminables, bizcochos, reiki, bibliotecarias, hombres comportándose como niños. Buena gente en batallas perdidas de antemano. En un minuto, creo, puede relatarse la vida de un universo. En un minuto, por cierto, el ritmo cambió. Quizá, cuando yo quise. Aunque no lo supiera. La borralla quedó atrás, agarré lo bueno y lo metí en una mochila. Me largué, con una pulserita de recuerdos para no olvidarme de lo ocurrido y así JAMÁS perder perspectiva. Ocurrió así, más o menos, aunque podría contarse muchas formas distintas. Esta vez, Siam no tuvo que darme permiso. Los sabios, acostumbran a decir las cosas solamente una vez.

Otros Adoquines.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s