Historias de una válvula – Precedentes (I)

Parpadeo un momento, e intento entrar de nuevo. Los años lo cambian todo, y he aprendido a mirar mejor dentro de mis recuerdos. Antes de esas dos taquicardias, de hecho casi las únicas que he sufrido, hubo pequeños indicios de que mi corazón, y más concretamente mi válvula, clamaban por ser protagonista.

Cierro los ojos, los abro.

Clases particulares. Mi profesora se llama Loli, es una licenciada con una enigmática vida social (lesbiana, dicen unos; demasiado fea para encontrar marido, afirman otros), inteligente y divertida a rabiar, con personalidad (quizá ese sea el problema…). Ha montado la academia con una amiga en un piso lamentable de la calle principal, la nacional de Santiago. La salita en donde me encuentro es una habitación pequeña con una gran mesa de tablero y dos caballetes, y dentro nos metemos entre cinco o seis estudiantes, la mayoría amigos míos. Los folios, finos como papel de Biblia, casi transparentes, se recubren de fórmulas, desarrollos matemáticos, tachones y garabatos, ya que mi próximo examen es de física (febrero de 2003). Miro todas esas fórmulas, en parte escritos con la letra redonda pero afilada de Loli. Sobre la mesa hay restos de goma de borrar, lápices, bolis, folios en blanco, y el aire cargado empaña la ventana. Así, las luces de las farolas y los coches se distorsionan y me parece estar en un videoclip. Estoy convencido de que todos esos ejercicios, y las fórmulas, me resultarán inservibles, no pretendo ser un experto en física, sino un biólogo, ni más ni menos. La física no me importa. Y en ese momento de introspección abstraída, no es una taquicardia lo que siento, sino una sensación que durante años intentaré describir sin éxito, y a la que bautizaré como latido extraño: una sensación de que el corazón se para, durante un segundo, para luego recuperar su ritmo con varios saltos irregulares. Aunque parece un drama, en realidad no se trata más que de una especie de paréntesis.

Años después, descubriré el nombre real que recibe ese fenómeno, al que casi siempre le sigue un hormigueo provocado por la adrenalina. En el examen de física acabaré sacando un sobresaliente. Las fórmulas, no las usaré nunca más.

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