Historias de una válvula – Precedentes (III)

Cierro los ojos, los abro. A una ristra de días, que comparten algo: el amarillo.

Recuerdo de siempre los días amarillos. En ellos, a veces, muere alguien. En realidad, creo que los días amarillos indican algo que se vierte desde una parte profunda de mí mismo. Quizá, solo impresiones, presentimientos, escalofríos en la espalda. Sensaciones que no

tengo capacidad de describir. En muchas de esas tardes amarillas, sentí palpitaciones, y latidos extraños, o localizados fuera de lugar. Fueron ocasos febriles en donde el espíritu de la anciana regresaba a mí. Ocasos que, por cierto, conducen habitualmente a noches angustiosas, a pesadillas en las que me despierto con el corazón desbocado, el brazo izquierdo hormigueando. Y una sensación de fin de trayecto.

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