Adoquines (las calles en las que viví) – Bonus track

Chandouteiro 62

Me resulta difícil hablar de este lugar. Supongo que habrá tiempo para ello cuando sume algunas canas más. Por ahora, simplemente me basta con recordar un momento de mi adolescencia. En la parte de atrás de aquella ‘casa de campo’, había un bosquecillo de pinos y carballos. Y en una tórrida tarde de verano, corrí entre los árboles imaginándome a Arah, un misterioso guardián del bosque, al que llamé ‘aramián’, y cuya función era la de cuidarun bosque que cubría el mundo. Me lo imaginé entre la faísca y mientras sonaban las sordas detonaciones de las obras del AVE. Me lo imaginé mientras a mi alrededor sucedía el mundo, porque resulta que eso es lo que hacemos los escritores, inventarse un lugar privado, una burbuja de fantasía que escapa a todo. Y esta anécdota me resulta útil, porque sin este lugar, en el que me sentí encerrado y frustrado durante muchos veranos de mi vida, alberga algo que en su momento me empujó a escribir. Pero esa es otra historia, terrorífica y asombrosa a su manera.

Otros Adoquines.

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