Solo pido un poco de belleza, de Bru Rovira

Vueltas que da la vida. En una ocasión, hace años, mi amiga Maria, de Barcelona, me habló de un periodista habitual de La Vanguardia y que había escrito un libro buenísimo sobre África. Aquel no me lo pude comprar, eran tiempos de escasez, y me olvidé. Fue otra María, años más tarde, la que me regaló un librito llamado Solo pido un poco de belleza, del mismo periodista: Bru Rovira.

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Solo pido un poco más de belleza pertenece a esas obras periodísticas que reclaman, con toda la razón del mundo, ser literatura. La vieja batalla que creyó zanjarse con el Premio Nobel de Svetlana Alexievich, por obras como, entre otras, Voces de Chernóbil. Bru Rovira también hace literatura, dando voz a los espíritus de un grupo de personajes anónimos, marginales. El tipo de personas cuya mirada se evita cuando acabamos en calles que nuestros padres llamarían poco recomendables. Tan prejuicioso como injusto. Personas cuya aspiración, consciente o inconsciente, es, como reza el título, obtener un poco de belleza. Las páginas que Bru Rovira usa para hablarnos de esa búsqueda de la belleza destilan hálito literario. También, la sonrisa compasiva y la melancolía por vidas ajenas que se apartaron de su camino y perdieron la potencialidad que toda vida posee. Y humor, sin duda.

“Habían escogido el bando de los poetas […]. Y a mí, como reportero, me tocaba ahora contar todas esas historias”.

El bando de los derrotados, formado por personajes tan rocambolescos como un ex mercenario italiano o una anciana que a sus noventa sigue tocando a Beethoven, podría considerarse un triste destilado de la sociedad urbana moderna. Quizá, con el tiempo, todos perdemos, forma parte del juego, pero en determinados lugares, la gente parece avocada a la pobreza, la miseria y las drogas. Todo muy cerca de las grandes arterias turísticas de la ciudad. Rovira indaga en la historia de sus personajes introduciéndose en ellos, estremeciéndose con sus vidas. No creo que exista otra manera de contar una vida, ni una buena historia, sino sintiéndola. De ellos, los tristes poetas, poco puede esperarse más que la paulatina muerte.

“A la Luna, los enamorados la encuentran romántica. Pero la Luna es solo un astro. La vida es lo que tenemos dentro. Cuando los enamorados miran hacia la Luna se ven a ellos mismos. La belleza de su amor”.

El acierto de las historias que Bru Rovira nos cuenta es la propia vida que encierran. Vida que fue, con toda seguridad, la que empujó su pluma. Historias dolorosas, pero también llenas de amor, de épica. Historias que merecen ser contadas.

Me spesso rivedrai solingo e muto / Errar pe’boschi e per le verdi rive, / O seder sovra l´erbe assai contento. / Se core e lena a sospirar m´avanza”.

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