Historias de una válvula: Dramillas (II)

Cierro los ojos, los abro.

Tirado sobre la cama de la casa de la aldea, me aso de calor. Sigue siendo verano, y en mi aislamiento rural de cada estío, leo uno de los libros de la saga Fundación, de Isaac Asimov. Una edición horrible de Círculo de Lectores, de tapa dura y papel grueso. Me parece que se trata del Prefacio de la Fundación, la historia original protagonizada por Hari Seldon.Apoyado en mi pecho, el libro sube y baja con mi respiración, tiembla con el latido de mi corazón, especialmente si retengo mi aliento unos segundos. Sube y baja. Pum-pum, pum-pum. Afuera, luce un sol descarnado. Verano perfecto, mientras dentro de mí algo se oscurece. Es la Sombra. Tras las taquicardias, ya no sé si mi corazón sonaba así antes o si ahora los latidos han cambiado. Si todo viene a causa de un cambio en la atención que les dedico. Ese sube y baja me saca de quicio, termino bajando a la cocina y contándoselo a mis padres. La respuesta, un coro de risas guasonas, me humilla. Incluso aunque yo mismo pueda ver lo ridículo de la situación. Vuelvo arriba con los puños apretados, vuelvo con Asimov y su fantasía de la psicohistoria, cerrando la puerta de la habitación para no escuchar las burlas, que continúan en la cocina. O los comentarios que, en petit comité, hagan más tarde.

Afuera, trinan los pájaros. Pum-pum, pum-pum.

Las otras Historias de una válvula.

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Un comentario en “Historias de una válvula: Dramillas (II)

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