Serie PERSONAJES: Chucho

Chucho tenía duende. Quizá mal canalizado, pero lo llevaba dentro. En los pueblos pequeños, es fácil distinguir quién se sale del común denominador que marca la sociedad, los convencionalismos, la tradición. Y Chucho era uno de ellos.

De nuevo, honestidad al inaugurar una nueva sección. Personajes nació para retratar de forma ficcionada personas que servidor se encuentra en estas tierras del norte, y que por algún motivo me llaman la atención. No esperaba que el primero fuese precisamente de mipueblo, a miles de kilómetros, sino que había reservado ese lugar para un inventado pedófilo que trabaja en el mismo edificio que yo. Un tipo peculiar pero que con un toque a lo Burroughs se convertiría en un personaje potente. Al igual que con El Pozo, las secciones se me transforman a la velocidad del rayo.

Chucho formaba parte de mi paisaje del pueblo. Sus padres (y él después) regentaban un conocido restaurante que ocupaba una esquina con la nacional de Santiago, posición inmejorable en tiempos pretéritos. Eran las catacumbas de los setenta, los ochenta. Allí, según dicen, se comía bien. Hoy, el local lo ocupa una tienda de golosinas y regalos (también con mucha personalidad), y el mundo ha cambiado lo suficiente como para que estar a pie de nacional no garantice nada.

Chucho, genio y figura. Probablemente demasiado, y sin filtro. Uso el tiempo pasado no por casualidad, sino porque precisamente Chucho ha muerto esta semana. Y los muertos tienen una fortaleza narrativa insuperable.

A él, a Chucho, le recuerdo a la manera que recuerdo otros personajes del pueblo, de forma deslavazada e inconcreta. Tenía en su rostro, finalmente algo inflado, los rasgos espirituales de un sabio. También, de un loco. Quizá, en el fondo, se trate de lo mismo. Un día, recuerdo que nos contó a mí y a un par de amigos acerca del modo en que cristalizaban los minerales. Aquel día no mintió, como estoy convencido que hizo otros muchos, casi descaradamente. ¿Quién podría culparle, en fin, de tergiversar la realidad para contar una buena historia, y que su alrededor se generase el silencio de los que escuchan? La mentira tiene muchas utilidades, la mentira es bella, y los escritores somos mentirosos irredimibles, que no quepa duda. ¿Importa la mentira? Lo que a Chucho le permitía mentir sobre cristalización de minerales, exploración espacial o permacultura, con total credibilidad, era su carisma. Y como el adolescente influenciable que era, sus fugaces e imprevisibles peroratas eran gloria bendita, y me dejaban un poso de temor y asombro en el cuerpo. Quizá presintiendo las dos caras de las cosas.

De las sombras siempre resulta más fácil hablar. Chucho fue un alcohólico desde su juventud; maltrató, al parecer, a una de sus mujeres; participó en sonados escándalos (en un pueblo pequeño, todos los escándalos son necesariamente sonados), muchos quizá inventados por la rumorología; por no hablar de la tormentosa relación que mantenía con sus hijos, o el suicidio de su madre. No hay luz sin oscuridad, no hay intensidad sin sufrimiento. Son las dos caras.

Supongo que el paso de los años hizo que a Chucho se le desprendiese el aura de sabio, a medida que las tinieblas se lo llevaban a ese espacio de donde no se puede salir: alcohol, desesperación; seguramente, también mucha soledad. Ya adulto, le veía por la calle y era eso lo que me transmitía: soledad.

Dicen las malas lenguas (en un pueblo pequeño, las lenguas son siempre malas), que se cortó las venas. Que dejó una nota en la que instaba a sus allegados a que  cogiesen el dinero y se fuese a un furancho a celebrar. Otras lenguas dicen que fue el alcohol lo que le mató. No son opciones incompatibles. Pero, en el fondo, ¿importa cómo lo hiciera?

Cualquiera que contemple el modo en que cristalizan los minerales, podrá admirar la belleza de su simetría. Un núcleo, la semilla, sirve de ancla para el resto de la estructura. Como un edificio alrededor de un pilar maestro.

A veces, la oscuridad derriba nuestro pilar. Supongo que a Chucho le pasó algo así. Que mis palabras sean memoria.

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