No quiero estar en esa fiesta

No, no quiero estar en esa fiesta, por eso decido marcharme. Afuera, descubro que estoy en Caldas, luz naranja de farola, y que me he dejado el abrigo en la fiesta. Lo cual resulta, repentinamente, inverosímil, que me lo haya dejado en un día de tanto frío, así que doy media vuelta y regreso, pero para cuando me giro me encuentro en un lugar oscuro, las coordenadas cambian y trato de moverme, buscando el armazón de madera que abraza micama. Por mucho que me estiro, no encuentro obstáculo alguno y me pregunto en qué cama estoy, qué lugar es ese, y quién es esa presencia que noto a mi lado. Sé que es un sueño, es entonces cuando lo sé, y continúo estirándome para escapar de él, así es como despierto en mi cama de Reynimelur: el espejo, la luz, la presencia, todavía ahí, desvaneciéndose poco a poco. Quizá, yo mismo, contemplándome.

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