El día que me empoderé

(versión audio del poema, aquí)

 

recuerdo el día que me empoderé

el día en que tomé consciencia de mí mismo

y de todo lo que había errado

de errantes, el mundo lleno

¿o no?

ese mismo día, o quizá al siguiente

decidí el cambio

ese que escuchaba en la biblioteca del pueblo, cada díalet it happen

en aquel tiempo escapaba de mí mismo

lo fácil que es huir

lo duro de enfrentarse

agarrar una realidad

y aceptarla

beberla

follarla

quererla, aunque duela

¿qué es amar, sino una forma de dolor?

empecé a moverme fuera de ese círculo infame

dantesco, triste, desconsolado,

pero que había convertido en mi campo de vida

síndrome de Estocolmo de mi secuestro emocional

de vida

¿cómo no iba a sentirme viejo,

agotado, exhausto, decididamente triste

encerrado en libros e intelectualidades,

creyendo que el mero ejercicio del yoga era suficiente?

no lo era

como tampoco lo era querer de mentira a mis amigos

o a mis parejas

porque no quería, necesitaba

no vivía, sustituía

no sumaba, completaba (vacíos)
pero me moví

un día, dando clases de literatura

aunque de literatura no sé nada

al otro, de yoga

pero tampoco de yoga sé nada

nada más que abrir mi pecho y enfrentar el sol

pero… ese clic

igual que gastar lo poco que me quedaba, en volar

metáfora y literalidad

curioso el modo en que se tejen las vidas

porque aquel día, el día que decidí volar

te conocí pero todavía no lo sabía

te conocí sin rostro, pero ya estabas allí

ya nos movíamos como péndulos destinados

a encontrarse

péndulos alrededor de un sol caliente

incesantes, pacientes, incansables

fue muy al norte cuando descubrí

cuando supe que había algo más

esa gran aventura de mi vida que se retrasaba y huía de mí

y que esa diferencia que presentía

crecía a cada paso,

a cada metro de distancia

a cada metro de independencia

aquel tiempo bebí infinito de cuervos y mirlos

de servales y abedules

de ballenas invisibles y yates de gente rica

de carreras al puerto y naves al sol

y las montañas nevadas me enseñaron

lo que no podía expresar con palabras

también Sigur Rós

pobres, sin saber lo que de mí hubiera sido sin ellos

y Vilas, que cuando llegó resulta que ya estaba

perdí los dulces y los subidones de azúcar

pero mi espíritu siguió apagado

activista de pensamiento

de boquilla

un triste y patético perdedor de antemano

un triste y patético espíritu asustado de sí mismo

¡y de la vida!

curiosos todos esos tejidos

su improbabilidad

que yo sabía probable gracias a Terry

o a Ignacio o a Sócrates o a Don Juan, o a Rupert

benditos sean entre todos los hombres y mujeres

benditos los que saben aullar y arrancarse las capas

enseñar sus corazones

abiertos esenciales descarnados

qué pasó en todo ese tiempo,

cómo saberlo…

enfervorizado con una nación que no es la mía

(como si alguna existiera)

Miña terra galega, miña terriña

no te engañes, no me malentiendas

pero no existes

porque el hogar es donde estoy yo

donde están mis hermanos, que son todos

así que sí, bebí fiordos y besé sirenas

volé alrededor de las jaulas

txori txori

fue así, quizá, como empecé a recordar

y a aceptar y a verme

y dolió mientras caía

hacia ese horizonte que me ayudaste a escoger

porque entonces ya eras

ya entonces seguíamos buscándonos sin saberlo

para encontrarnos porque no había otro remedio

ya todo estaba decidido

Buenos Aires, Gambia, Kuala Lumpur, el Puente de Adán, Carnota

lo que me atenazaba tenía un nombre:

el fantasma de la transición

e igual que me asustaba mi propia voz

o el dejarme sentir

ahora qué placer al recordar el modo en que tremulaba

en que me movía hacia un destino que no es trágico

sino que es belleza de vida, belleza de existencia

una construida de constantes primeras veces

y en esa sopa quiero ser un pez

bipolar, intenso, sin filtro

amándome a mí mismo

del mismo modo que amo a mis hermanos, a los búfalos

a los buitres, a todos los pájaros

a las albercas

y a los territorios de la adivinación

convertido así en un espacio fértil

como fértil es el humus de los úteros

de tu útero

así caí en mí

como una piedra

como un meteoro tras larga trayectoria postergada

estrellado contra los juegos de casitas

condicionamientos impuestos y autoimpuestos

contra todo lo que yo no era pero era

me estrellé contra mi ego

y mi arrogancia

brutalmente contra mi propia inseguridad

y mis miedos

me estrellé sobre todo con tus ojos

y tras salir de ese mar de oscuridad

sentí una pena abrumadora

por dejar atrás esa pizza en donde hablé de la carretera

mis ojos morochos

algún día pensé que no había nada que hacer

que en mi vida arruinada no había más que escoger

la forma de suicidio

una pastilla, una bala

una caída, la más brutal

una navaja

pero al menos tuve ese choque frontal

de camino a Siberia, o viniendo de ella, no sé

no es casualidad que sonase aquello de Stay Alive

en cualquier lugar de la ciudad

aleatoriamente en las listas de reproducción

en cafeterías, supermercados, peluquerías

José, me jodías

pero me salvé

de aquel tiempo oscuro sobrevivieron unas brasas

quién sabe cómo a media vida de miseria

quién sabe cómo, quién sabe cómo aguantaron el chaparrón de estaciones

quién sabe cómo siguieron queriéndome

pero me salvé

y vivo

una noche, la pasé conmigo mismo

y empecé a llorar en las esquinas

y a reír en las aceras vacías

me bebí la nieve a bocados

y mi corazón se fue desprendiendo

de esa armadura oxidada

ya corroída

ya pesada

ya angustiada

creo que me empoderé porque decidí

que ya no era eso que me había empeñado en ser

que ni era un cínico ni un triste ni un escritor

porque el verbo ser es una tiranía

y la única forma aceptable

es el ESTAR

así, en mayúsculas

ESTAR

cuesta ponerse algunos trajes

o quitarse los que uno lleva puestos

cuesta ponerse delante del espejo

verse aceptarse quererse

descarnado, único, especial

¡y el placer de hacerlo!

¡de descubrirse en esencia,

pura ilusión, pura luz, puro entusiasmo!

olvidar el When you were Young

o el Forever young

y que los años caigan como hojas, qué más da

que desaparezcan las casas viejas,

que se ventile el aire depositado

que se desvanezca la frontera entre el dentro y el afuera

que el amor universal no se esconda

camina sobre la nieve, hermano

para escuchar al viento aullar en las verjas de metal

para aprender

a despreciar la impuntualidad

a aceptar de los demás lo que siempre aceptaste de ti mismo

a bailar

a sonreír y alucinar en las playas

a mostrarse

a ser honesto y vitaminar

a crecer en forma de aloe vera, de jara, de menta

a mirar a los ojos

a cantar cuando llueve

creo que es así cómo uno se empodera

descubriendo que había una energía escondida

como un tesoro

como una perla en el fondo del océano

en fin, una luz

allí donde solamente veías negro

y es desde esa luz que me hice fuerte

que fui gentil de verdad, y resiliente

que respondí

a la sensación que me llamaba

poblándome de incertezas, de batallas y de guiños del destino

y de risas

así fue como respondí

como quemé mi vida

y dije,

.

 

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2 comentarios en “El día que me empoderé

  1. Una pasada… ¿y esa voz?… te quejabas un día de que no sabía leer en voz alta… pues algo debío de pasar porque suena condenadamente bien.

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