La forma correcta de disfrutar de una onza de chocolate negro (gratuitos consejos no solicitados)

Llega un paquete de España, repleto de tesoros: y chocolate negro. Que guardo en mi despensa semi-secreta, semi-accesible. Mañana de sábado, ingrávidos copos de nieve, despierto temprano con la luz del cada vez menos invernal invierno nórdico. Derrumbado sobre la cama vacía, sola, disfruto los estertores del Mientras haya bares, de Juan Tallón. Humea un té que compré en Amberes, ciudad de diamantes. Abro una tableta de chocolate, aroma despedido, y parto dos onzas, y cada onza a su vez en cuatro partes desiguales. Conozco un truco infalible para despertar y gozar un buen chocolate negro, y que sirve también para besar a alguien: una boca caliente y húmeda. Tras un buen trago de café o té (o cualquier otra infusión), la boca se calienta, y tras esperar medio minuto a que el sabor del líquido ingerido se apacigüe, al colocar un pedacito de chocolate sobre la lengua, el calor remanente disuelve la onza y se expande en tu boca el dulce amargo del oro negro.

Luego, solamente resta cerrar los ojos y suspirar. Es como hacer el amor.

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