Serie PERSONAJES: Mario

Mario murió de hipotermia en el galpón de un lavadero de agua caliente, hace ya unos cuantos años, en una fría noche de invierno. Abandonado e inflado por su alcoholismo lacerante, se encontraba allí probablemente tratando de entrar en calor, tras haberse negado una noche más a dormir en el asilo, gestionado por monjas a las que odiaba y que, decía él, le pegaban. Lo cierto es que habría sido difícil comprobarlo: en los últimos años, el alcohol había deformado su cara, convirtiéndola en una máscara. Vestía como los drogadictos de los ya lejanos años noventa: vaqueros raídos y sucísimos, una cazadora de chándal, una camisa de cuadros de felpa; sumando al conjunto una gorra con publicidad de maquinaria agrícola. Su cabeza de adicto, sin embargo, exhibía una inteligencia aguda que ni siquiera el alcohol lograba atenuar. Y lo cierto es que su caída en la adicción entraba dentro de lo tópico: joven sensible machacado por unos padres autoritarios, que en su día decidieron tratar su indisciplina adolescente enviándole a una escuela naval. Intramuros, su mente inquieta reaccionó a la disciplina militar atiborrándose del alcohol que circulaba entre los internos. Fue amor a primera vista. En el alcohol, Mario encontró alivio y su espíritu, combustión. Supongo que ahí terminó (o empezó) su vida.

A Mario le encantaba hablar, y tanto a mí como a mis amigos de entonces, escucharle riéndonos de su perpetua borrachera, que le hacía tambalearse y enrojecía su rostro. Éramos adolescentes aburridos, y nos sentábamos a la sombra de los plataneros en el malecón del río, comiendo pipas sin parar y dejando desgranarse aquellas eternas tardes. Muchas veces, Mario se encontraba revoloteando por allí, hablando con otros yonkis del pueblo o con compasivos jubilados del asilo. Siempre le acompañaba una litrona. En su rostro, epítome de sus excesos, un bigotito imberbe y ridículo que le hacía lucir retrasado. Hablaba casi de cualquier cosa, pero dos de cada tres veces contaba la historia de cómo sus padres le habían arruinado la vida. Lo hacía con resentimiento y desprecio, sin ninguna reflexión dirigida a sancionar la responsabilidad que tenía de permanecer en tal estado. Para Mario, todos eran culpables menos él mismo, y supongo que ese cerramiento fue el que le empujó a su prematura muerte. Cosas de la adicción: la dosis nunca mengua, siempre engorda. Sin embargo, a veces lograba apartarse de ese discurso antipaternal, y nos hablaba de otras cosas: la naturaleza del universo y la realidad, el ciclo del agua y su influencia en las estaciones, las propiedades sanadoras del contacto humano, la historia oculta del pueblo, detallitos sobre fantasmas y OVNIs.

Yo me reía con los demás, adolescente voluble, pero su intensa presencia fue la primera que recuerdo que me hizo temer el alcohol, una droga tan aceptada y normalizada en nuestra sociedad que sus efectos suelen despreciarse, a pesar de que presenta un potencial adictivo superior a la cocaína. A mí me asombraba y asustaba a partes iguales el brillo de los ojos de Mario, vidriosos y enrojecidos, y cuya intensidad parecían arrebatarle candidez a las tardes y sabor a las pipas. Nos reíamos, claro, pero bajo las risas yo tenía miedo a convertirme en él. Un miedo que, con algunas modificaciones, sigo teniendo.

Por momentos, Mario desviaba la mirada hacia el horizonte arbolado, río arriba, con las manos en los bolsillos y la litrona a sus pies. Imagino que buscaba algún momento de su pasado, más feliz, al que agarrarse para huir de su realidad más inmediata: un cuerpo y una mente destrozadas. Quizá lo encontrase la noche que murió, solo como un perro en un pueblo desierto, rodeado del vapor de la fuente termal, mientras la muerte se lo llevaba a un lugar que, sino mejor, al menos le tendrá un poco más tranquilo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s