Historias de una válvula: Extraventricular (IV)

Cierro los ojos, los abro.

Estoy sentado en el sofá, Joan a mi lado, Aide en la butaca. Afuera es de noche, y vemos una película. Acabo de sufrir un latido extraventricular después de casi dos semanas sin ninguno, y de pronto mi rostro palidece. Joan, que en mi cara se huele lo que ha ocurrido, se inclina hacia mí y me susurra un Respira, que ya está. Cada día sin latido extraño es una victoria, pequeñas batallas ganadas en esta vida cotidiana del ático de Santiago de Chile (calle), en las postrimerías de una carrera que no se termina y de la que solo queda una asignatura. Pero por mucho que se extienda el período sin latidos extraños, siempre vuelven. Amargura. Hasta que ocurre una de esas coincidencias significativas. Casualidades que en realidad no lo son. Ignacio me comenta que tengo los niveles de magnesio bajos, y me recomienda un suplemento de magnesio quelado con calcio, que tomo religiosamente sin acabar de comprender qué implica tener poco magnesio. Nada bueno, supongo. Coincidiendo la toma de magnesio, los latidos extraños van espaciándose hasta desaparecer del todo. Como por arte de magia. Al releer mi biblia, el Taking control, leo en uno de los capítulos que me había saltado que la aparición de latidos extra-ventriculares viene favorecida por determinadas circunstancias metabólicas. Entre ellas, el magnesio bajo.

Santo remedio.

Las otras Historias de una válvula.

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