Sobre profetas

El único profeta es uno mismo.

Vuestro dolor es la ruptura de la celda que encierra vuestra comprensión

Y en la vida encontraremos maestros, pero es crucial ser consciente de que nuestro propio espíritu alberga un profeta interior que debemos seguir usando nuestra intuición, una herramienta en la que podemos confiar a ciegas.

Dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura

De modo que Khalil Gibran sería, más que un profeta, un maestro. Y la lectura de El Profeta, que el libanés escribió en 1923, invita a la reflexión pacífica de nuestra realidad y la de todo lo que nos rodea. Que, en esencia, son lo mismo. En el librito de apenas cien páginas, el profeta Almustafá, antes de abandonar la ciudad de Orfalese, se dirige a sus iguales y responde a sus inquietudes. El Profeta podría leerse en una hora, pero conviene degustarlo a sorbos, como una bebida de orden superior. Porque cada palabra está colocada de forma deliberada para empujarnos a una relectura de nuestra vida. Hay libros cuya lectura toma años. El Profeta es una de ellas, pues nada escapa a su soliloquio: el amor y el matrimonio, el dar, el comer y el beber, las leyes y la libertad, el dolor y el enseñar, la amistad, lo bueno y lo malo, la belleza y la muerte. Etcétera.

Cuando os separéis de un amigo no sufráis; porque lo que más amáis en él se aclarará en su ausencia, como la montaña es más clara desde el llano para el montañes

El Profeta no es para aquellos que viven en la inercia o en lo frenético. O, quizá, es a ellos a quien más va dirigida. Porque Gibran nos empuja a parar, a meditar lo vivido, a profundizar en uno mismo. Lo cual, en los tiempos posmodernos que vivimos, con una profunda epidemia de soledad, inseguridad y miedo, parece más necesario que nunca. Nuestra realidad está diseñada para conducirnos a un estado de sitio, una vorágine de pánico sordo que se transforma en sufrimiento. Y, como decía Buda, El dolor de la vida es inevitable; el sufrimiento, opcional. Abandonando el miedo, que puede ser atravesado mediante la voluntad como un cuchillo la mantequilla, se puede alcanzar la esencia luminosa. Un camino que merece el esfuerzo, pero al que no todos estamos predispuestos.

Pero vosotros, criaturas del espacio, vosotros, inquietos en la quietud, no seréis atrapados o domados. Vuestra casa no será un ancla, sino un mástil

Quizá El Profeta es una buena manera de reconectar conscientemente con ese camino. Y comenzar a recorrerlo.

Vuestra alegría es vuestro dolor sin máscara

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