Nuestras manos

Nuestras manos,

escribiste en la pared húmeda del baño,

hablan con la misma lengua.

Y yo miré

las pompas de jabón y el calor,

que distorsionaban la lluvia,

mutando el invierno

en débil y pálido resplandor.

Luego, pensé,

Esa misma lengua

con la que yo trato de contar historias.

¡Qué difícil es escribir novelas

que tengan buen final!

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