Poemas para una despedida

(para escuchar con Á Ferð Til Breiðafjarðar, de Sigur Rós & Steindór Andersen)

 

Se separa

la manada de caballos

sobre un horizonte huido y muerto,

seco.

Me estremezco al ver una fotografía,

mientras la voz se transparenta.

Me gustaría entrar de nuevo

en Casa,

pero el hogar al que llegué

ya no existe.

Se confunden, así, los números,

las moscas zumban sobre el cadáver fresco.

Aúllo óperas egipcias,

afuera llovizna

y el skyline de la ciudad

y el de mi espíritu

se reflejan.

Recuerdo:

una cara, piedra pómez,

la otra, pura seda.

Porque todo llega, todo se va.

Y cantan los grillos

de la cascada oscura,

dueños del estío.

Qué triste,

el trabajo del trovador

que usa palabras

que sabe imperfectas.

No hay genialidad.

Alzo el vuelo,

perpendicular

a las dimensiones de esta jaula.

Por ganar algo de perspectiva.

A mi lado veo caer el Tiangong

a lo lejos, más allá de la curva,

intuyo ese nuevo Edén.

 

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