Memoria falsa

En memoria de Dolores O’Riordan

porque fue tan penoso que muriera

aunque no sepa decir muy bien

por qué

 

Chet Baker despeñándose

de la ventana de su hotel en Amsterdam.

Esa es la imagen que se me viene a la cabeza,

mientras mi propia orina se despeña

a un inodoro austral.

Sonó Radiohead hoy, por cierto,

al fondo luces en Puerto Varas.

Hace tanto, recuerdo,

lloró Dolores en Madrid,

la pobre se fue tan pronto, tan sola,

es que todos nos vamos siempre muy pronto,

la verdad.

La prosa fallece,

la realidad es una ficción,

vivimos el sueño de un gigante,

y eso es bueno, porque siendo así,

vivimos una realidad zombi,

y todas las posibilidades están a nuestro alcance.

Chet Baker, mascullo,

y su grito final.

Soy Ginsberg,

o Will en su día de la independencia,

también vivo una y otra vez

la vida de Virginia

en la campiña británica.

Algún día,

fui dictador,

y miré estremecido

las lágrimas diamante colgando

en el hall de un refugio.

Do you remember? Do you recall?

Tu sonrisa congelada en Vík

(dientes, dientes, que es lo que les jode

a los vampiros de esta tierra

a veces tan yerma),

mis latidos camino de Berlín (esos hornos),

un yate viejo en el sur de Grecia,

sobados pasiegos, coca-cola

y la experiencia atroz de ser perro en un Ainielle vacío,

o tijereta efímera en Bariloche.

Todo pasó,

pasando o sin pasar.

Te rapaste en Buenos Aires,

y esnifamos cocaína en Venezuela,

en la corte del Rey Midas.

También sé que viví en Noruega,

durante un tiempo,

quizá fui un Knut perdido en los bosques lánguidos

del siglo XXI.

Segurísimo, eso sí,

que vi caer resina de un almendro

en un valle perdido de la India.

Y durante todo ese tiempo,

capas y más capas de tiempos superpuestos,

acumulados, amontonados casi,

como láminas de un hojaldre,

independientes pero unidas,

durante todo ese tiempo, digo,

Dolores estaba conmigo, de alguna forma,

entre lágrimas,

y si no era ella, una que se le parecía,

bailando mucho,

danzando en esa fina línea.

Dolores,

mi memoria.

It’s all over now.

Porque caí, caímos,

tantísimas veces.

Pero ya pasó todo, Karmelo,

hasta tu decadente Donosti,

no más bits,

no más algoritmos,

no más voces artificiales.

Ya vengo notando que se me acerca el nirvana,

esa liberación absoluta,

y que mis pies se sueltan del pavimento,

Iván, se sueltan,

el pavimento, esa percha

que nos impide volar.

Un niño estrella que se eleva,

que en otra vida,

fue escritor.

It’s all over now.

Ciao, bellos,

seguro seguro

que nos vemos todos en Rockwell.

 

Otros poemas, aquí.

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