Iruya

Hoy todo está tan bien

que nada puede estropear…

(cantaban los piratas)

 

En lo alto de un cerro,

antenas que apuntan a la luna;

a nuestros pies,

la sombra de la noche

que se contagia sobre la hierba

creciendo pendiente arriba.

Suena una guitarra,

el mate humeante

pasa de mano en mano.

Una perrita que se deja acariciar

con un ronroneo de gato.

Mis dedos entrelazados con los tuyos,

una cruz envuelta en hierba y flores secas,

muy abajo, tan abajo,

las aguas empañadas de roca gris.

Todo es un crepitar de señales

Como esos niñitos diminutos que a lo lejos

juegan a fútbol a tres mil metros.

Todo son señales,

hasta el murmullo de las tortillas

o espíritus que se elevan sobre el suelo,

miradas de Buda,

corazones abiertos a la atmósfera,

como una ventana cósmica.

Pasos incontables.

Y sí…

 

Hoy todo está tan bien

que nada puede estropear…

(cantaban los piratas).

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