fiN (y principio) de La fuerza irresistible / versión 1.0

Escribes la palabra fiN, y sabes que algo decisivo acaba de ocurrir. Que ese flujo misterioso que va de tu espíritu a tus manos, y que lleva tecleando cinco meses, ha finalizado. Pero tampoco te engañas, sabes de sobra, por larga experiencia, que el viaje continúa. Y que aquella que comenzó a mediados de 2015, durante un paseo por el río, en el pueblo, mientras escuchabas La fuerza irresistible, de Delafé, no se terminaba al teclear la última de esas casi ciento treinta mil palabras. Se te vienen encima imágenes de ti mismo inclinado sobre el manuscrito, revisando una y otra vez cada una de ellas. Eliminarás muchas, tacharás párrafos enteros, por redundantes o malformados, valorarás incluso la posibilidad de suprimer un capítulo completo, girarás las frases, para terminar optando por la versión original, eliminarás verbos excesivamente repetidos, y mandarás al infierno la mayoría de esos -mente que se han colado en el texto sin ser llamados. No, al escribir la palabra fiN, sabes de inmediato que de fin, nada de nada, que esa fuerza irresistible que ata a un escritor a su obra, ni ha desaparecido ni se ha debilitado. Sino que, como todas las formas de energía, simplemente se ha transformado.

Here we go!

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Algún día…

… me atreveré a escribir la otra cara de este video, en el que los ojos de esas mujeres (entre ellas, mi madre) cuentan mucho más que sus palabras; esa cara menos bonita y publicitaria, la llamaré, La cara B de una vida. Al tiempo.

Orgullo de mi madre

#DíaDeLaMujer

La cresta de esa nube

Teñida de dorado, la cresta de esa nube avanza como la proa de un galeón, arrastrando tras de sí la monumental mole del cuerpo al que pertenece. Hacia el Este, hacia Europa. Quién sabrá qué habitantes contiene todo ese vapor de agua, que palpita sobre la tierra y nos arroja a la cara nieve que es gomaespuma; nos arroja, también, un viento helado y paralizante, que congela los dedos con tan solo una caricia.

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El Ascenso (III): My city of ruins

III: My city of ruins

Las callejuelas del cementerio, estrechas y aglutinadas unas a otras como las del casco viejo de una ciudad medieval: oscuras, tétricas, vacías. Pienso, Tierra de huesos. Pareciera que las fachadas de los panteones se inclinan hacia delante, como a punto de caer, impidiendo que la luz se derrame en el interior de esos pasillos húmedos y de extraño olor dulzón. Mi padre no baja del coche. Imaginé el encuentro con la lápida de Sigue leyendo